Clásicos del Sufismo · junio 19, 2026

El Ayuno de los Órganos: Protegiendo la Mirada y el Corazón de lo Prohibido

El Ayuno con Todo el Cuerpo En la ética islámica, la verdadera precaución (taqwa) no se limita a proteger el estómago de alimentos prohibidos. Resguardar todos los órganos, especialmente los ojos, oídos y manos, de …

El Ayuno con Todo el Cuerpo

En la ética islámica, la verdadera precaución (taqwa) no se limita a proteger el estómago de alimentos prohibidos. Resguardar todos los órganos, especialmente los ojos, oídos y manos, de acciones que desagradan a Alá es un verdadero deber de servidumbre. Imám al-Ghazalí afirma que, así como proteges tu vientre en el momento del iftar (ruptura del ayuno), también debes evitar mirar con los ojos lo prohibido y escuchar chismes; de no ser así, las transgresiones cometidas por los ojos o los oídos envenenan y oscurecen el corazón, como un bocado prohibido que entra en el cuerpo.

El Veneno Espiritual de Mirar lo Prohibido

El ojo es la puerta más grande hacia el corazón. Lo que ve y en lo que se enfoca el ojo, con eso se ocupa el corazón. Abd al-Qadir al-Jilani (que Alá le conceda paz) aconseja firmemente no abrir los ojos a lo prohibido ni llevar al cuerpo a la maldad. “No abras tus ojos a lo prohibido… si haces esto, se te dará fuerza para recordar el bien en tu interior.” Para los maestros del sufismo, mirar lo prohibido es como una flecha venenosa de Satanás. Esta flecha venenosa, al penetrar en el corazón, destruye el amor divino y la sinceridad que allí residen, reemplazándolos con deseos egoístas.

Gestionar los Órganos con Vigilancia Constante

Para proteger plenamente los órganos de lo prohibido, es necesario ser consciente de que el corazón está bajo la constante supervisión (murakaba) de Alá. Si una persona alcanza la comprensión mental y espiritual de que “Mi Señor me ve ahora”, su mano no se dirigirá al robo ni sus pies a lugares de perdición. Mantener el cuerpo en un estado continuo de ayuno contra el mal mantiene vivos la razón y el corazón. Cuando el mundo interior está conectado con Alá, los órganos externos comienzan naturalmente a actuar de acuerdo con la ética islámica y la sunna (tradiciones del Profeta).