El saber es el fundamento de la religión islámica y un deber imperativo para todo musulmán. Al-Ghazalí divide el saber en dos categorías principales: el saber práctico (ʿilm al-muʿāmalat), relacionado con las acciones, omisiones y creencias; y el saber revelador (ʿilm al-mukāshafa), que se abre tras la purificación del corazón. El saber es la acción más virtuosa, acercando al hombre a Dios, elevándolo al rango de los ángeles y otorgándole una dignidad superior a la de un gobernante en este mundo.
El centro de este viaje es el corazón. El corazón es como un espejo que refleja la verdad; sin embargo, las manchas del pecado, las ambiciones mundanas y la mala conducta hacen que este espejo se oxide e impidan ver la verdad. La verdadera alimentación del corazón es el saber y la sabiduría; un corazón desprovisto de ellos se considera espiritualmente muerto. La verdad del hombre no reside en un trozo de carne en su pecho, sino en esta joya espiritual llamada “Lātife-i Rabbāniyya”. El recuerdo (dhikr) y el culto pulen este espejo del corazón, permitiendo que la luz divina fluya hacia él.

