La Esencia y los Niveles del Wara
En la ética islámica y el camino sufí, la purificación del corazón de enfermedades espirituales y su sanación dependen de evitar no solo lo prohibido (haram), sino también aquello que genera duda (*wara*). El Shayj Abdülkadir al-Geylani (que Allah le conceda paz) aconsejó sentir un profundo arrepentimiento por los pecados cometidos en el mundo interior y exterior, e intentar alcanzar el verdadero estado de *wara* que sana el corazón. Feridüddin Attar señala que hay tres niveles principales del wara: primero, hablar solo la verdad y la justicia, tanto en momentos de ira como de tranquilidad; segundo, proteger los órganos de todo aquello que pueda provocar la ira del Todopoderoso, Poseedor de Majestad y Gloria; y tercero, buscar únicamente lo que el Altísimo aprueba. Estos niveles ayudan a la persona a desprenderse por completo de las ambiciones mundanas y a purificar su corazón.
Evitar Dudas y Contemplación del Alma
El verdadero *wara* es evitar completamente todo aquello sobre lo que existe duda, incluso si parece permisible, generando incertidumbre en la conciencia. Poseer *wara* también requiere una constante introspección personal y evitar la negligencia (*ghafala*). Los sabios espirituales han dicho: “Dichoso aquel cuyo distintivo del corazón sea el *wara*, cuyo espíritu esté libre de codicia y quien rinda cuentas a su alma por cada acto que realiza”. Porque la codicia por los placeres mundanos es un collar en el cuello, una grillete en los pies; para que el alma alcance la libertad, es necesario romper estas cadenas y desecharlas. El *wara* también es el punto de partida fundamental del zuhd (ascetismo) y la verdadera confianza en Dios (*tawakkul*).
La Equilibrio entre Fe, Rectitud y *Taqwa*
En el viaje espiritual del ser humano, la fe (*Iman*) y la rectitud (*Ihsan*) sin *taqwa* son incompletas. Attar afirma que una persona sin *taqwa* no puede tener una fe perfecta, ni una persona sin fe puede tener rectitud, enfatizando que evitar lo dudoso es una indicación directa de la fe. La *taqwa* tiene un aspecto externo y uno interno; el externo implica respetar los derechos y las leyes, mientras que el interno se refiere a la sinceridad y la intención en las acciones. Porque incluso cuando alguien está pobre y necesitado, si no tiene a la *taqwa* como compañera, puede ser engañado por su alma y caer en un pecado absoluto. El *wara* y la *taqwa*, que son el armazón más sólido para acercar al hombre a Dios, son el primer requisito para apartarse de los falsos adornos del mundo transitorio y avanzar hacia la reunión eterna.

