Abdülkadir Geylânî (1077-1165), una de las figuras más influyentes en la historia del sufismo, ofrece a los creyentes una guía espiritual a través de su obra "Fütûhu’l Gayb" (La Puerta de los Mundos). La obra aborda con gran profundidad las etapas de purificación del ego, limpieza del corazón y el camino hacia Alá.
Según Geylânî, hay tres principios fundamentales que todo creyente debe seguir en todas sus circunstancias: obedecer los mandatos de Alá, evitar sus prohibiciones y aceptar el destino. El creyente debe llenar su corazón con la preocupación por estos tres asuntos y aferrarse a ellos con todos sus miembros en cada momento. Un verdadero siervo busca una solución primero a través de su propio esfuerzo y luego buscando ayuda de las criaturas; sin embargo, cuando todas las puertas se cierran, se vuelve hacia su Señor y comienza a ver solo la acción de Alá, trascendiendo todo movimiento y causa.
Uno de los conceptos centrales en la obra es la "muerte espiritual". Este es el proceso por el cual una persona primero pasa a través de las criaturas, luego de su propia voluntad y deseos, para resucitar con la gracia de Alá. Cuando una persona se desvanece de sí misma y de los demás, solo Alá permanece y el siervo se convierte en la fuente de toda bendición, alegría y seguridad. En este nivel, el siervo se entrega completamente a las acciones de Alá, como "el embalsamador con el cadáver".
Geylânî advierte al creyente sobre el mundo y sus engañosas decoraciones. Compara el mundo con algo que parece agradable en su exterior pero está lleno de veneno mortal en su interior; el hombre inteligente no debe dejarse engañar por su apariencia externa y no debe darle lugar a él en su corazón. En particular, la limpieza del corazón del amor por los bienes es necesaria para que desaparezcan los velos entre Alá y el siervo.
El ego, por otro lado, se describe como "el opositor y enemigo de Alá". La esencia del culto es oponerse al ego; porque someterse al ego desvía del camino de Alá. El creyente solo puede alcanzar la verdadera amistad y servidumbre al abandonar los deseos y pasiones de su ego y aferrarse únicamente a los mandatos y el Libro de Alá.
Los humanos son probados con bendiciones o calamidades. Las calamidades son un medio para elevar el grado del siervo, purificarlo de sus errores y mantenerlo en una vigilancia constante ante Alá. La prueba viene en proporción a la fe del creyente; cuanto mayor es la fe, mayor es la prueba. En este punto, la paciencia es como "la cabeza en el cuerpo"; es la base de la fe. Evitar las quejas, aceptar el destino y no cuestionar la disposición de Alá son la clave para la salvación espiritual.
El objetivo final de Fütûhu’l Gayb es elevar al siervo a un nivel de conocedor que unifica (muvahhid). El conocedor es aquel que no desea nada más que de Alá, y no ve poder ni influencia excepto en Él. Eliminando todas las criaturas y causas, y dirigiendo su mirada únicamente hacia la gracia del Señor, incluye al creyente "en el grupo de los espíritus" y le abre las puertas del conocimiento esotérico. Las enseñanzas de Geylânî son una llamada atemporal que invita al hombre a comprender su propia insignificancia y a existir solo con Alá.

