Clásicos del Sufismo · junio 19, 2026

La Enfermedad de la Elogio: Los Daños de la Pasión por la Fama al Corazón

El Orgullo Detrás del Deseo de Elogio Uno de los males más insidiosos que acarician el ego humano y lo alejan de su Sustentador es el amor por la fama y el deseo de ser alabado. Imám al-Ghazalí, al analizar por qué las …

El Orgullo Detrás del Deseo de Elogio

Uno de los males más insidiosos que acarician el ego humano y lo alejan de su Sustentador es el amor por la fama y el deseo de ser alabado. Imám al-Ghazalí, al analizar por qué las personas disfrutan tanto del elogio, señala que la causa fundamental subyacente es el “orgullo” (kibr) y el anhelo de creer en la perfección propia. La persona elogiada siente placer al pensar que ha dominado a su ego con las palabras del alabador, que su poder y superioridad han sido confirmados. Sin embargo, este placer no es más que el despertar de una sutil forma de farabundismo oculto en el corazón: la ilusión de “Yo soy el mayor”. El amor por la grandeza y el estatus es una enfermedad implacable que oxida el corazón y arranca de raíz la sinceridad (ikhlas).

Engañarse con Elogios Falsos

Uno de los ejemplos más reveladores de la propensión humana al orgullo es su capacidad para dejarse engañar incluso por elogios falsos. A veces, una persona sabe claramente que el que está frente a ella le está mintiendo, que lo hace esperando un beneficio y adulando en realidad con burla; sin embargo, disfruta secretamente al escuchar esas palabras llenas de alabanza. Esto es una señal inequívoca de que la persona ha sucumbido a las meras palabras de elogio. Quien se aferra a estas falsas exaltaciones, incluso sabiendo la verdad, ha abandonado por completo el adiestramiento del ego y ha perdido su cordura bajo la sombra del orgullo. Los verdaderos conocedores (arifīn) han visto los elogios humanos como veneno de escorpión y los han evitado con vehemencia.

Taqwa y el Verdadero Honor Frente al Elogio

Un creyente sincero (mumin) conoce muy bien sus propias deficiencias y su impotencia, incluso si todas las personas en la tierra lo elevaran a los cielos. Él sabe que el absoluto elogio (hamd) solo pertenece a Alá. Los elogios de la gente no lo embelesan, ni tampoco le afligen sus críticas y reproches; porque su único objetivo es complacer a su Sustentador. La auto-complacencia (ucub) y la ambición de buscar los aplausos de la gente deben ser arrancadas del corazón antes de poder alcanzar una conciencia plena de la servidumbre. Cuando el siervo se libera de la esclavitud de los falsos estatus y los elogios vacíos, alcanza el más alto honor (izzat) ante Alá y saborea la verdadera libertad espiritual.