Dos Mundos y la Creación Humana
Alá, con Su inmensa potencia, creó el universo fundamentalmente de dos tipos: el mundo de los cuerpos y el mundo de las almas. Para comprender el propósito de la existencia humana, es esencial primero comprender su propia naturaleza, esta dualidad entre cuerpo y alma. El ser humano no es simplemente una entidad hecha de carne y huesos; Su verdadera esencia es el corazón, proveniente del reino espiritual (melekût), que posee la capacidad de conocer a Alá y amar Su belleza (cemal). Quien ignora la superioridad y el valor de esta gema del corazón, desperdicia este inmenso potencial en los asuntos mundanos, cayendo en una gran ilusión. Porque el verdadero sustento y deleite de esta gema está en el más allá; la alegría sin tristeza, la morada eterna (beka) y, sin duda, el perdón solo se obtienen al contemplar la belleza de Alá.
El Equilibrio entre el Alma Humana y el Alma Animal
Dentro del mundo interior del ser humano, existe un ‘alma animal’ (nafs) y un ‘alma humana’. El alma animal es como una montura dada para servir al alma humana y llevarla a su destino. Los guías espirituales explican esta situación con la analogía de una lámpara: el alma humana es una luz que irradia iluminación; el alma animal es la lámpara en la que esa luz brilla. Mientras que el alma animal proporciona las necesidades materiales del cuerpo y la vitalidad, el alma humana anhela la vida eterna y el agrado de Alá (riza). Si esta montura, el alma animal, se rebela o se corrompe, el corazón y el cuerpo perecerán. Por lo tanto, la mayor responsabilidad del ser humano es controlar su ‘nafs’ (alma animal) con la razón y la fe, dirigiéndola hacia su verdadero objetivo.
La Finitud de la Montura y la Eternidad del Alma
Esta vida terrenal es una estadía temporal para que el alma se prepare para el más allá. El mundo de los cuerpos ha sido creado como un lugar de tránsito para que las almas tomen provisiones para el más allá. Cuando llega la hora del fallecimiento (ecel), el cuerpo (montura) se desintegra, pero el alma humana permanece eterna. La pérdida de una montura o herramienta no implica la aniquilación de la verdadera esencia, que es el alma. El alma que queda sin cuerpo regresa a Su origen iluminada por las luces que adquirió en el mundo, o si ha sido cautiva de los deseos mundanos, permanecerá en la oscuridad con una gran desilusión (hüsran). Un creyente inteligente que conoce esta verdad invierte no en la montura finita, sino en la gema del alma que vivirá eternamente.

