El Peligro de la Lengua y la Conexión del Corazón
La lengua es uno de los órganos que más rápidamente deteriora la salud espiritual de una persona y la arrastra al pecado. No conocer el límite del habla, hablar innecesariamente, son entre las mayores calamidades que oscurecen el corazón. Los conocedores del corazón (ahl-i gönül), los sabios (arifūn), han hecho del silencio constante una práctica habitual; solo hablan cuando su corazón se ve obligado a expresar la verdad. Como relata Attar, los grandes santos advertían: “¡El hombre debe prestar más atención a su lengua de lo que presta atención al lugar donde pisa!”, destacando así el poder destructivo de la lengua. La luz divina en el corazón de una persona que habla innecesariamente (malayani) se extingue gradualmente.
El Ayuno de la Lengua y la Protección del Interior
El silencio no es solo abstenerse de hablar, sino también nutrir el mundo interior con reflexión (tefekkür). “La fortaleza más sólida es proteger la lengua”. Si el habla de una persona no contiene reflexión, esto es negligencia (gaflət); si su silencio no es reflexión, entonces eso es sueño. El sâlik (buscador espiritual) que desea sentir las manifestaciones de Dios en su corazón debe cerrar herméticamente su boca a la calumnia (gıybet), la mentira y las afirmaciones vacías. La condición de reverencia (waraʿ) en la lengua es más valiosa que el oro y la plata.
Hablar Solo la Verdad
En el sufismo, el silencio incluye hablar la verdad cuando sea necesario por amor a Dios. Si hay una injusticia presente o si es necesario realizar el mandato del bien (emr-i bil-maruf), ese momento de hablar es un acto de adoración; fuera de eso, cualquier palabra innecesaria es un robo de la propia espiritualidad. El verdadero sabio, al guardar silencio, tiene la intención de hablar con Dios (en el corazón – kalben); al cerrar los ojos, reflexiona sobre Alá. Cuanto más contenga una persona su lengua, tanto más se abrirá el oído del corazón a las inspiraciones divinas y a los secretos.

