No Basta con Estar Libre del Mal del Vecino
En la sociedad islámica, el vínculo de vecindad es considerado sagrado, cercano al parentesco. El derecho del vecino no se limita a evitar daños; en realidad, la verdadera vecindad implica ser paciente y tolerante ante las molestias y dificultades que provienen del vecino. Nuestro Profeta (la paz sea con él) dijo: “Quien cree en Allah y el Día del Juicio Final debe ser generoso con su vecino”, e incluso expresó haber creído que el vecino podía heredar de otro debido a la insistente recomendación del Arcángel Gabriel sobre los derechos del vecino.
Asistencia y Consideración
Un buen vecino es aquel que comparte la alegría de su vecino, participa en sus penas. Visitarlo cuando está enfermo, prestarle dinero si lo solicita, cuidarlo cuando cae en la pobreza y acompañarlo a su funeral son algunos de sus derechos básicos. Imám al-Ghazalí (que Allah tenga piedad de él) explica la sutileza de la ética vecinal de la siguiente manera: “Cuando compres fruta, regálale a tu vecino; si no vas a regalársela, llévala a casa en secreto. No permitas que tu hijo salga con esa fruta, porque el niño del vecino puede verlo, sentir envidia y sentirse molesto.” Incluso evitar molestar al vecino con el olor de la comida es un ejemplo magnífico de moralidad según nuestra religión.
Cubrir Defectos y No Despreciar los Regalos
Un creyente no debe investigar los secretos de su vecino ni revelar sus defectos si los descubre accidentalmente. Rechazar a alguien que llama a tu puerta con una necesidad, compartir la sopa que se está cocinando en casa con el vecino, aumenta la familiaridad y el afecto entre ustedes. La Señora Aisha (que Allah esté complacido con ella) y otros grandes lo mantuvieron vivo. Nuestro Profeta (la paz sea con él), dirigiéndose a las mujeres, dijo: “Incluso si es un trozo de pata de cordero, no menosprecies el regalo de tu vecino”, destacando la importancia de la intención y el recuerdo más que de la cantidad del regalo.

