Clásicos del Sufismo · junio 20, 2026

Abandonar la Queja ante las Pruebas y Aceptar el Decreto Divino

La Fealdad de Quejarse del Creador ante lo Creado Uno de los errores más frecuentes en los que cae el ser humano frente a las calamidades es rebelarse quejándose de las dificultades que le sobrevienen ante otras …

La Fealdad de Quejarse del Creador ante lo Creado

Uno de los errores más frecuentes en los que cae el ser humano frente a las calamidades es rebelarse quejándose de las dificultades que le sobrevienen ante otras personas. ʿAbd al-Qādir al-Geylānī (que Allah esté complacido de él) advierte a los creyentes sobre este asunto diciendo: «Te aconsejo lo siguiente: ¡No acuses al Señor Misericordioso por ningún bien al que hayas sido conducido!». Más bien, manifiesta el bien y la shukr (la gratitud); pues es mejor que manifiestes shukr en tu qalb (el corazón) sin expresarlo, que mostrarte agradecido sólo de palabra y revelar tu estado quejándote. ¿Quién puede quedar privado de los favores de Allah?. Si haces real tu queja, aumentas tus calamidades, intensificas tu castigo, Él se enoja contigo y te rechaza. Todas las desgracias que sobrevienen a los hijos de Adán son consecuencia de que se quejan de su Señor.

El Decreto de Allah como un Médico Compasivo

Para comprender las dificultades que trae el destino, es imprescindible centrarse en la compasión del Creador. ¿Cómo podría uno quejarse de al-Raḥmān y al-Raḥīm (los Misericordiosos)? Él es el más misericordioso de los misericordiosos; el más acertado de los que dictan sentencia. Es el Sabio, el que todo lo sabe. Su compasión y clemencia son inmensas; es sumamente generoso y jamás es injusto con Sus siervos. Es como un médico sabio, amoroso, compasivo, afable y sincero. ¿Acaso puede culparse a una madre misericordiosa?. Pues nuestro Maestro (la paz y las bendiciones sean con él) anunció esta infinita compasión diciendo: «Allah es más misericordioso con Sus siervos que una madre con su hijo».

Guardar Silencio y No Acusar los Actos del Señor

El verdadero creyente es aquel que guarda su lengua y preserva su decoro tanto en la estrechez como en la abundancia. ¡Oh pobre!, ¡sé respetuoso! Si eres incapaz de soportar las calamidades con sabr (la paciencia), esfuérzate por la paciencia. Si eres incapaz de riḍā (la complacencia con el decreto divino) y conformidad, entonces ten paciencia. Cuando encuentres, acepta con complacencia y conformidad. Cuando pierdas, aniquílate en fanāʾ (la aniquilación en Dios). Por respeto, aférrate al silencio, la paciencia, la riḍā y la conformidad por tu Señor. ¡Guárdate de ver mal a Él o de atribuir culpa a Sus actos!. Él conoce el principio, el fin y la naturaleza de todo; es quien crea los aspectos beneficiosos y perjudiciales. ¡Aunque tu carne fuera hecha pedazos y cortada en tiras con tijeras, evita con firmeza quejarte!.