Vidas Pasadas en un Ciclo Estéril
Muchas personas, a lo largo de años, realizan la oración (salat), ayunan, asisten a reuniones de dhikr, pero no logran ningún progreso en su ética espiritual. Los años pasan, pero aún está cautivo de la misma ambición, el mismo orgullo y el mismo chisme. Abdülkadir Geylânî (que Allah esté complacido con él) compara esta estancamiento espiritual con un animal cuyos ojos están vendados y que gira alrededor de la misma piedra desde la mañana hasta la noche: "Eres como el burro de molino. Permanece allí sin superar tu eje; ¿cuál será tu destino?". La persona que gira en torno al eje de las oraciones formales, pero no logra liberar su corazón de la masiva (amor del mundo) y dar un solo paso hacia Dios, simplemente se está cansando.
Atrapado Entre Dos Mundos
No poder decidir y no poder abandonar el mundo para entregarse por completo a Dios consume la energía espiritual de una persona. Shaykh Geylânî (que Allah esté complacido con él) describe la lamentable condición de esas almas atrapadas entre dos mundos, diciendo: "Estás atrapado como un pedazo de carne entre el mundo y el más allá". Esta persona, que no puede alcanzar una verdadera confianza debido a que no puede borrar por completo sus expectativas mundanas, y tampoco puede encontrar sinceridad porque no anhela plenamente la otra vida, está experimentando una parálisis espiritual. Superar el eje, es decir, romper este ciclo vicioso, solo es posible mediante una transformación cardíaca radical, dejando instantáneamente todo lo transitorio de la mano y de la lengua.
Encontrar un Médico para Revivir
Es casi imposible que un alma que permanece en el mismo lugar como un burro de molino rompa esas cadenas por sí misma. Una persona cuya vista interior está ciega y que se ha alejado de Dios necesita a alguien que le tome la mano, una guía. Shaykh Geylânî (que Allah esté complacido con él) recuerda que es necesario refugiarse en la intercesión de un verdadero maestro perfecto, diciendo: "Necesitas al verdadero maestro que te resucite con su súplica". Esos verdaderos maestros (maestros perfectos) desatan el vendaje del ojo del discípulo, lo sacan de ese eje estrecho y le permiten volar directamente hacia el océano del conocimiento divino.

