Clásicos del Sufismo · junio 20, 2026

Cuatro Grandes Peligros que Destruyen la Estructura de la Fe: Falta de Acción y Ignorancia

El Esencial del Conocimiento y la Responsabilidad La religión islámica es un edificio divino construido sobre cimientos sólidos. Sin embargo, el ser humano, debido a su descuido y pereza, puede arrastrar este sagrado …

El Esencial del Conocimiento y la Responsabilidad

La religión islámica es un edificio divino construido sobre cimientos sólidos. Sin embargo, el ser humano, debido a su descuido y pereza, puede arrastrar este sagrado edificio a la destrucción con sus propias manos. Abdülkadir Geylânî (que Allah lo apruebe) advierte a los creyentes que la religión perecerá por cuatro enfermedades insidiosas: “Vuestra religión se irá por cuatro cosas: Por lo que decís, si no cumplís vuestras acciones… Por meteros en lo que no sabéis… Por no aprender lo que no sabéis y, por tanto, permanecéis ignorantes… Por impedir a la gente aprender aquello que no saben”. El primer y mayor peligro que corroe la religión desde dentro es que una persona predique la verdad a los demás mientras no la aplica en su propia vida. La advertencia: “No seáis como aquellos que aconsejan al pueblo y duelen por sí mismos” muestra claramente que el conocimiento que permanece en la lengua y no llega al corazón no trae consigo nada más que un pecado.

La Oscuridad de la Ignorancia y Excederse

El segundo y tercer peligro que destruye la religión son dos caras diferentes de la ignorancia: precipitarse imprudentemente en lo que uno desconoce y evitar aprender lo que no sabe. Un verdadero creyente debe romper su arrogancia siguiendo la regla: “Callar ante lo que no sabes es sabiduría”. Aquellos que permanecen ignorantes e impiden a otros aprender son los mayores tiranos que destruyen los principios que mantienen a la sociedad en pie. Así como el conocimiento sin acción no tiene ningún beneficio, una causa sin evidencia tampoco puede probarse. La verdadera salvación no consiste solo en memorizar el conocimiento, sino que pasa por transformarlo en una acción sincera según el secreto: “El conocimiento llama a la acción; si se responde, bien, de lo contrario se va”.