El lugar indispensable de la súplica en la servidumbre
La dua (la súplica) es una ventana espiritual que el ser humano, débil y efímero, abre hacia su Creador poseedor de poder infinito, y constituye su refugio más fuerte. Geylânî (que Allah esté complacido de él) expresa que las almas a punto de ahogarse en la prisión de las aflicciones mundanas sólo pueden albergar esperanza de salvación a través de la dua, diciendo: “La súplica es un aliento para quien se está hundiendo; para el habitante de la prisión, es como una ventana”. Sin embargo, en la ética del sufismo (taṣawwuf), el objetivo principal de la dua no es presentar constantemente una lista de necesidades mundanas, sino saborear el placer de estar en compañía de Allah y recordarle (dhikr [el recuerdo de Dios]).
La superioridad del dhikr sobre la súplica y la serenidad
Los creyentes perfectos, cuando olvidan sus propias preocupaciones y se sumergen completamente en el dhikr de su Señor, Allah satisface incluso aquellos deseos que no han podido expresar, y lo hace en abundancia. El Maestro Geylânî anuncia este elevado maqām (la estación espiritual) con el siguiente hadiz qudsí: “A quien se ocupa de Mi recuerdo sin pedirme nada, le concedo más que a quienes piden”, 16. Apresurarse en la dua, mostrar avidez, insistir ante Allah como si se le dictara lo que debe hacer, y gritar o alzar la voz, no se corresponden con la cortesía debida en la presencia divina. Pues el Altísimo ha ordenado la sumisión diciendo: “Invocad a vuestro Señor con humildad y en secreto; ciertamente, Él no ama a los que se exceden” (Corán, 7:55).

