La Verdad de la Du’a y la Paciencia al Esperar una Respuesta
En la moral islámica, la du’a (súplica) es el acto de un siervo humilde que presenta su situación a su Creador, poseedor del poder absoluto, y busca refugio en Él. Sin embargo, muchas personas esperan que sus súplicas se hagan realidad al instante; cuando la súplica se retrasa, la duda se instala en su corazón y sienten un resentimiento oculto hacia su Señor. Hazrat Abdülkadir Geylânî (que Allah tenga piedad de él) advirtió severamente a los creyentes sobre el tema de “reprochar a Rabb por retrasar la respuesta a la du’a”, señalando que esta actitud no es compatible con la fe. Si algo está escrito en el destino para ese siervo, lo alcanzará a su debido tiempo, ya sea que él lo desee o no. Si no está destinado, toda la humanidad unida no puede dárselo. Por lo tanto, el verdadero propósito de la du’a no es forzar un resultado, sino más bien confesar la humildad en la estación de siervo y esperar con respeto ante la puerta de Allah.
La Naturaleza Satanésca de la Prisa y la Deliberación
Desechar que una súplica se haga realidad inmediatamente y caer en la desesperación cuando se retrasa es una de las trampas más peligrosas que Shaitán (Satanás) tiende al ser humano. Hazrat Geylânî advierte a los creyentes diciendo: “Si eres apresurado, te convertirás en un soldado de Shaitán. El movimiento cuidadoso y la paciencia son inspirados por Allah”. El siervo debe mostrar constancia en la súplica, mantener una buena opinión sobre su Señor y esperar pacientemente que se alivie el sufrimiento. El retraso de la respuesta es, en realidad, un respiro divino para que el siervo suplique más ante Su puerta, purifique sus impurezas espirituales y madure en la cortesía del siervo. Quejarse diciendo: “¿Por qué no se responde a mi súplica?” es cuestionar el conocimiento y la sabiduría absolutos de Allah, lo cual arrastra al siervo a la perdición.
Sumisión en la Du’a y la Gracia Divina
Un verdadero conocedor (irfan) no se resiente con su Señor, sin importar cuál sea el resultado de su súplica. Él sabe que si algo que desea no se le da, esta situación le traerá una recompensa mucho mayor en el más allá. Geylânî (que Allah tenga piedad de él) afirma que la puerta de la du’a es un conducto respiratorio para los creyentes y una ventana para los encarcelados. El siervo debe renunciar por completo a su propia fuerza y poder en su súplica, extender sus manos con la sumisión de “Tú conoces lo que es mejor para mí”. La súplica de un siervo que obedece escrupulosamente los mandatos de Allah, evita Sus prohibiciones y muestra conformidad con el destino divino, finalmente resonará en la corte divina y ese siervo será rodeado por el manto de misericordia y compasión de Allah.

