Los Peligros del Camino sin Guía
Embarcarse solo en el mar del sufismo es como aventurarse en un océano lleno de remolinos y tormentas satánicas sin brújula. En la lucha del hombre con su propio ego, necesita a un “guía” competente que le muestre sus propias enfermedades y rompa su orgullo. Geylânî (q.s.) explica esta verdad con las palabras: “Aquel que no está con personas sabias y actúa según su conocimiento, es solo barro… Busca la conversación con la Verdad, encuéntrala”. Sin embargo, en el entorno actual donde hay impostores que reclaman ser guías en cada esquina, es muy difícil para los profanos encontrar un guía genuino.
La Receta de Oro en el Tiempo del Teheccúd
Abdülkadir Geylânî (que Allah esté complacido con él) ofrece una receta espiritual práctica y asombrosa a aquellos que desean encontrar al ser humano perfecto que lo acerca a Alá: “Cuando la oscuridad de la noche cubre todo, cuando el sonido de la gente se desvanece y todos duermen, levántate. Realiza el ablución y reza dos rak’ats (unidades) de oración. Y di: ‘¡Oh, Alá! Muestra a este siervo tuyo a alguien piadoso, que encuentre cercanía a Tu esencia. Que él me guíe hacia Ti y me muestre el camino que conduce a Tu esencia.’”. Esta súplica asegura que la persona encuentre a su murshid no con su propia razón, ni con sus propios deseos o engañándose con publicidad llamativa, sino directamente por la gracia de Alá. Porque solo Alá sabe quién es verdaderamente Su amigo.
Entrega y Guía al Camino Correcto
Esas lágrimas silenciosas y sinceras en la oscuridad de la noche no quedan sin respuesta. Cuando el corazón del hombre se llena de esta sinceridad, Alá seguramente le creará un medio y lo dirigirá a alguien digno de una verdadera guía. El talib (buscador) que encuentra a este bendito guía, ahora se disuelve en su educación, somete su orgullo bajo sus pies y, gracias a esas manos compasivas, es llevado inquebrantablemente a la puerta del encuentro (vuslat) con Alá.

