Un Vuelo con Dos Alas: Miedo y Esperanza
En el viaje espiritual de una persona, los dos sentimientos más fundamentales que el corazón debe albergar son el temor al castigo de Allah (havf) y la esperanza en Su misericordia (reca). Hazrat Abdülkadir Geylânî, cuando se le pidió que guiara a las personas en un sueño, les aconsejó que se apartaran del pueblo y se volvieran hacia Hakk con sus corazones, no con sus lenguas. Porque pedir con el corazón es como pedir con la lengua; pero está libre de los defectos de la lengua. Además, debe saberse que Allah, el Exalted, está constantemente trabajando, cambiando y transformando, elevando y degradando. Allah eleva a algunos de Sus siervos a illiyyîne (a lo más alto) mientras que desciende a otros a esfel-i sâfilîne (a los más bajos). Los miedos de aquellos que ascienden a illiyyîn son caer a esfel-i sâfilîn; su esperanza es preservar la altura que poseen y permanecer allí eternamente. Este delicado equilibrio es la directriz más importante que sostiene la vida espiritual del creyente.
La Esperanza que Exalta, el Miedo que Preserva
El miedo y la esperanza son escudos divinos que protegen al ser humano de la complacencia y la desesperación. Los miedos de aquellos que son descendidos a esfel-i sâfilîn son preservar su degradación para permanecer allí, mientras que su esperanza es ser elevados a illiyyîn. El creyente debe aferrarse siempre a estos dos sentimientos ante las manifestaciones del destino y el decreto en la vida mundana. No se debe insistir en lo escrito en la eternidad; porque Aquel que lo escribió también es capaz de cambiarlo. Él, que es capaz de construir un edificio, también puede destruirlo. Por lo tanto, confiar en los propios actos es la dimensión más peligrosa del orgullo y la negligencia.
Un Equilibrio Constante para la Rectitud y la Salvación
Para aquellos versados en espiritualidad, el miedo y la esperanza no deben ser solo un estado de conciencia al principio, sino uno que debe durar hasta el último aliento. Siempre se debe estar en temor, esperanza, reverencia y obediencia. El creyente debe permanecer así hasta que el pie de la salvación abandone este lugar y pase a otro. Es esencial no abandonar el miedo, la obediencia y la precaución contra los malvados hasta que llegue la muerte. Sin embargo, una vez que se pasa bien la muerte y se alcanza la salvación, ya no hay necesidad de tener miedo; porque ya no habrá cambio ni transformación. Mientras el ser humano camina en esta estación transitoria con el equilibrio entre temor y esperanza, se protege de los engaños del ego y de Satanás y avanza con pasos firmes hacia la reunión eterna.

