La Ambición que Existe en Apariencia, pero Está Vacía por Dentro
En la ética islámica, uno de los peores defectos que oscurecen el qalb (el corazón) de la persona y la arrastran hacia lo ilícito, la humillación y la violación de los derechos ajenos es la "tamah" (codicia, avaricia, ambición desmedida). El venerado ʿAbd al-Qādir al-Geylânî (que Allah esté complacido de él) explica la insensatez y la quiebra espiritual de la codicia a través de una asombrosa sabiduría lingüística basada en la estructura de la palabra árabe: "Las letras de ṭa-ma-ʿa (طمع) están vacías por dentro. La ṭāʾ está vacía. La mīm está vacía. La ʿayn está vacía. Así es también la obra del codicioso: está vacía". No importa cuánto acumule bienes una persona codiciosa, ni a qué posiciones llegue, su mundo interior siempre será un gran "vacío", pues carece de una verdadera satisfacción y paz en su qalb (el corazón). La codicia es como intentar transportar agua en un recipiente agujereado que jamás se llena.
La Realidad de la Inmutabilidad del Sustento
El mayor error de la persona codiciosa es pensar que, esforzándose y mostrando ambición, puede obtener más de lo que le ha sido asignado como sustento. Sin embargo, según la creencia en el decreto (qadāʾ) y el destino (qadar), el sustento de cada siervo ha sido determinado desde la eternidad. Dejarse llevar por la ambición no aumenta el sustento, solo daña el honor, la ética y el iman (la fe) de la persona mientras lo busca. Al-Geylânî (que Allah esté complacido de él) expresa esta situación diciendo: "Quien no se deja llevar por la ambición, quien limita sus deseos mundanos... no cae en la ostentación. Muestra lo que realmente hay en su interior"; así explica cómo la satisfacción (qanāʿa) salva a la persona de la ostentación y la hipocresía. Quien posee qanāʿa (satisfacción), da a lo que tiene su justo valor y no codicia el sustento ajeno.
Lo Único que Puede Llenar los Vacíos: Istiġnā
El opuesto de la codicia es el "istiġnā" (istiġnā: buscar refugio en Allah y sentirse saciado con lo que tienen los demás), que significa recurrir a Allah y estar satisfecho con lo que uno posee, sin codiciar lo ajeno. Esas letras vacías en el qalb (el corazón) —ṭāʾ, mīm, ʿayn— solo pueden llenarse con la luz del tawakkul (la confianza en Dios) y el zuhd (desapego del mundo) hacia Allah. Cuando el ser humano abandona la codicia y alcanza la conciencia de que "Quien da y quien quita es Allah", ese sentimiento de hambre infinita en su interior se transforma milagrosamente en serenidad y una saciedad absoluta. Quienes aprenden a bastarse a sí mismos son los verdaderos ricos eternos de la tierra.

