La Suciedad que el Mundo Deja en el Corazón
El ser humano se sumerge tanto en los afanes transitorios del mundo, en sus ambiciones e impulsos interminables, que con el tiempo la superficie de su corazón se cubre con una capa de óxido espiritual. Este óxido impide que el hombre vea la Verdad, escuche los consejos divinos y reflexione sobre el más allá. Abdülkadir Geylânî (r.a.) anuncia la única cura para esta implacable enfermedad del corazón con un hadiz del Profeta (s.a.v.): “Ciertamente, los corazones se ensucian y se oxidan. Su pulido es la recitación del Corán”. Los versículos divinos del Sagrado Corán son una lluvia de luz que desciende sobre corazones oxidados y endurecidos como piedra. Esa luz limpia el mundo interior y vuelve a hacer del corazón un lugar de manifestación de Alá.
Aferrarse a Dos Testigos Justos
Para que el corazón permanezca limpio y las acciones realizadas estén libres de los deseos satánicos, es absolutamente necesario que el siervo obtenga la aprobación del Libro y la Sunna en cada paso. “Encuentra dos testigos para todo lo que comes y bebes; uno sea el libro y el otro la sunna”. Aquel que busca la espiritualidad solo con impulsos, rituales inventados o medios no auténticos se ve arrastrado a la herejía. El corazón solo revive obedeciendo escrupulosamente los mandatos del Corán y aferrándose firmemente al noble Sunnah del Profeta (s.a.v.). La “vestidura de la religión” contaminada por pecados rebeldes, solo puede ser lavada con lágrimas y un arrepentimiento sincero y pulida con ese sagrado brillo.

