El Shirk Oculto de la Gratitud a la Gente
Por naturaleza, el ser humano, cuando se siente débil, tiende a buscar ayuda en quienes le rodean y a llamar a sus puertas. Sin embargo, en la ética sufí, esperar sustento y bondad de las entidades finitas oscurece el corazón y aleja al siervo de Allah. Abdülkadir Geylânî (r.a.) diagnostica este gran peligro espiritual de la siguiente manera: “Cubre la puerta de gratitud a la gente, y verás que en ese momento la puerta de la bondad de Allah se abrirá para ti”. Fijarse en lo que tienen las personas, esperar su alabanza o esperar un beneficio de ellas esclaviza espiritualmente a una persona. La verdadera libertad es destruir estos ídolos falsos en el corazón y extender las manos únicamente a Allah, el único Proveedor Absoluto.
La Humillación de Depender de los Seres Creados
Si un creyente espera algo de débiles y finitas criaturas mientras Allah está presente, Allah lo dejará en manos de esas criaturas finitas y lo sentenciará a la humillación. El hadiz sharif: “Maldito sea, maldito sea aquel que depende de una criatura como él”, expresa muy claramente que refugiarse en los seres creados conduce al rechazo de la gracia divina. Aquel que espera sustento de su empleador o posición de un funcionario, se inclina ante ellos, implícitamente niega la grandeza de Allah, el Poseedor del poder absoluto. Quien deposita esperanza en una criatura, en realidad vende su propia vida futura y experimenta una quiebra espiritual.
La Libertad Absoluta que Lleva la Confianza
La verdadera libertad es que el corazón no sienta ninguna deuda de gratitud a ninguna criatura y entregue todas las riendas a Allah. La regla: “No te aferres a la gente que no posee ni beneficio ni perjuicio. Nadie puede concederte nada más que tu Señor”, exige que las expectativas se dirijan completamente a Allah. Si el siervo vuelve su rostro hacia Allah diciendo: “Él es quien da y él es quien toma”, entonces Allah le enviará sus bendiciones de manera inesperada mediante las personas que Él desee. Un creyente que se entrega a las manos compasivas del Creador alcanza una seguridad espiritual inquebrantable y una libertad absoluta, que ningún puesto en la tierra puede proporcionar.

