Clásicos del Sufismo · junio 20, 2026

El Tesoro de la Suficiencia: Desarraigando la Avaricia del Corazón

La Avaricia Humilla a la Persona Sentir un hambre insaciable (avaricia) por los adornos de la vida terrenal, sus bienes y su estatus es una de las enfermedades más comunes que paralizan la salud espiritual de una …

La Avaricia Humilla a la Persona

Sentir un hambre insaciable (avaricia) por los adornos de la vida terrenal, sus bienes y su estatus es una de las enfermedades más comunes que paralizan la salud espiritual de una persona. Quien sucumbe a la avaricia no distingue entre lo lícito e ilícito, invade los derechos de otros y se somete a tiranos. Geylânî (que Allah le conceda paz) critica con severidad este apetito interminable: “Quien se deja llevar por la avaricia para acumular el mundo, ostenta”. Correr con avidez tras las posesiones materiales esclaviza espiritualmente al hombre, haciéndolo esclavo de las criaturas. Si los ojos del hombre no se sacian, incluso toda su riqueza le parecerá escasa y vivirá en una psicología de pobreza eterna.

La Riqueza Inagotable de la Suficiencia

La verdadera riqueza no se mide con el oro que se lleva en el bolsillo, sino con el sentimiento de satisfacción (suficiencia) en el corazón. En la moral islámica, la austeridad y la suficiencia implican proveerse solo lo necesario y no desear más. Geylânî Hazretleri, quien dijo: “La suficiencia es un tesoro inagotable… Enseña a tus hijos la suficiencia. Enséñales a ser suficientes”, expresa que la verdadera libertad reside en esta satisfacción espiritual 20, 21. Un creyente que agradece los medios lícitos que tiene y no siente envidia por lo que otros poseen, es el hombre más rico y más pacífico del universo.

El Camino para Liberarse de la Avaricia: La Reflexión sobre la Muerte

El remedio más eficaz para controlar la avaricia es recordar que el mundo es transitorio y que la muerte espera a la puerta en cada momento (reflexión sobre la muerte). La realidad de que ningún bien acumulado en el mundo seguirá a uno al sepulcro, extingue este fuego egoísta en el corazón. El siervo que gana lo necesario por medios legítimos, une su corazón no a los bienes sino a Allah, el Sustentador, se libera de las tristezas del mundo transitorio. Un derviche sufí, mientras busca su sustento, no daña su honor, ni vende su fe, y así alcanza la felicidad absoluta en ambos mundos.