El Amor al Mundo y su Daño al Corazón
Para los sufíes, el mundo es un campo de pruebas transitorio que no debe ingresar al corazón. Apegarse al mundo y a sus adornos es el velo más grueso frente al amor por Alá y la otra vida. Abdülkadir Geylânî (que Allah lo honre) relata esta verdad con un ejemplo asombroso: “Toma el mundo en una mano y la otra vida en la otra… Que tu corazón esté desnudo; que no haya ni mundo ni otra vida en él”. Porque el corazón es solo el santuario del Creador. Mientras haya codicia mundana y pasión por acumular riquezas (tul-i emel) en el corazón, será imposible que las luces divinas se manifiesten allí. El hombre que olvida a su Señor mientras persigue los bienes materiales es un necio que pierde tesoros duraderos por caprichos pasajeros.
El Equilibrio entre el Trabajo y el Zuhd
En el Islam, el zuhd no significa pereza o retirarse completamente del mundo para convertirse en una carga para los demás. El siervo debe trabajar para ganar su sustento de manera halal, para mantener a su familia; pero al mismo tiempo, debe conectar su corazón con el que Otorga el Sustento, y no con las riquezas. Geylânî (que Allah lo honre), quien dijo: “Haz que tu tienda y tus bienes sean un medio para trabajar por el sustento de tus hijos… Conecta tu corazón con Alá”, ordena que los medios materiales solo se consideren como herramientas. El verdadero asceta es aquel cuyo bolsillo está lleno de dinero, pero cuyo corazón está completamente independiente de él; quien no se entristece cuando pierde su riqueza y no se vuelve arrogante cuando la gana.
Vivir sin Expectativas y la Libertad de la Suficiencia
La clave para liberarse de las ambiciones mundanas es la suficiencia. Cuando un hombre toma lo que necesita de manera halal y gasta el excedente en el camino de Alá, su corazón alcanza una gran libertad. Mientras que la codicia y la avaricia esclavizan al hombre a lo material, el zuhd y la suficiencia hacen del hombre un padişah espiritual. Un creyente que ve al mundo como un campo para la otra vida transfiere cada bendición que obtiene aquí como capital para la tierra de la eternidad. Un siervo que es consciente de la fugacidad del mundo y vive preparado para la otra vida en todo momento, alcanza el verdadero bienestar y la satisfacción interior.

