El Desastre de Ignorar la Acción
En la ética islámica, el conocimiento (‘ilmu) no es simplemente una carga seca que se lleva en la mente, sino una luz que acerca al hombre a Alá y embellece su moral. La persona que aprende conocimiento y no actúa según él ha matado el alma del conocimiento, conformándose solo con la cáscara. Hazrat Abdülkadir Geylânî advierte severamente que un conocimiento sin aplicación solo traerá culpa a la persona, diciendo: “¿Cuánto más vas a estudiar conocimiento y olvidar la acción? Un poco de tu libro de conocimiento; comienza a abrir tu libro de acción”. Un erudito que solo predica a la gente pero no aplica esas verdades en su propia vida sufrirá una gran decepción en el Más Allá.
La Armonización del Conocimiento con la Sinceridad
Para que los conocimientos religiosos aprendidos sean beneficiosos, es necesario coronarlos necesariamente con sinceridad. Cada acto de adoración realizado sin intención y sin sinceridad es como un espíritu sin cuerpo o un árbol sin frutos. La advertencia: “Si el árbol del conocimiento hubiera dado fruto, no habrías corrido a las puertas de los sultanes” muestra claramente que el verdadero conocimiento debe inculcar al individuo humildad, contentamiento y temor a Alá. Aquel que busca el conocimiento con el fin de obtener un beneficio mundano, fama o posición ha vendido su propia vida futura y declarado su bancarrota espiritual. El erudito auténtico es aquel que aprende por Alá, ve sus propios defectos y se somete a su Señor con profunda humildad.
La Sabiduría Adquirida por el Que Actúa
Cuando una persona actúa con sinceridad según lo que sabe, Alá le abre las puertas de secretos que no conoce. La advertencia: “Una vez al ignorante… Siete veces al sabio…” indica cuán severo es el castigo para aquel que sabe y no hace, mientras que anuncia que aquel que sabe y aplica será elevado al rango de los ángeles. El siervo virtuoso que internaliza cada verdad que aprende y la refleja en su vida bebe de las fuentes de sabiduría. El conocimiento es su guía, la acción su montura y la sinceridad su compañero, y así el siervo alcanza la complacencia de Alá sin desviarse del camino.

