Reconocer los Límites ante la Voluntad Divina
El ser humano tiende, ante los sucesos, las dificultades o las enfermedades que le acontecen, a buscar una causa con su intelecto limitado. Alzar la bandera de la rebelión preguntando: “¿Por qué a mí? ¿Por qué ha sucedido esto?”, constituye la cúspide de la ignorancia espiritual. ʿAbd al-Qādir al-Gaylānī (que Allah esté complacido de él), enseña que la primera etiqueta (adab) que el siervo debe adoptar ante la voluntad absoluta e infinita de Allah es el silencio y la sumisión. “No hay lugar para palabras como ‘¿por qué?’ o ‘¿para qué?’. No se debe oponer ni disputar. Hay que conformarse y aceptar.” Pues ningún suceso en el universo ocurre por casualidad; “No hay error en el decreto (qadar)”. Ese Creador absoluto tiene derecho a disponer de Su dominio como desee, y que los siervos pretendan pedirle cuentas constituye una gran falta de respeto.
La Irresponsabilidad del Creador, la Responsabilidad del Siervo
Según la creencia islámica, Allah Altísimo es el soberano absoluto. En el Corán se dice: “Él no será interrogado acerca de lo que hace, pero ellos sí serán interrogados” (sura al-Anbiyāʾ, 23), trazando así una frontera nítida entre el Creador y lo creado. Al comentar este aleya (āya), el maestro Gaylānī afirma: “Él enriquece, y si quiere, hace que uno necesite hasta una moneda. Él es quien beneficia. Él es quien da la muerte y la vida”, cerrando así toda puerta a la objeción. El ser humano, con su intelecto parcial, no puede penetrar los secretos del conocimiento eterno de la Verdad (al-Ḥaqq). El consejo de “no malgastes tu tiempo con palabras como ‘¿cuándo?’, ‘¿por qué?’, ‘¿cómo será?’” indica que el siervo debe emplear su energía no en cuestionar el destino (qadar), sino en cumplir perfectamente con sus deberes de servidumbre.
La Serenidad y Libertad que Otorga el Tawakkul (la confianza en Dios)
El creyente que se entrega al destino (qadar) y elimina de su lengua y de su corazón la pregunta “¿Por qué?”, alcanza la mayor libertad espiritual en este mundo. Si el siervo deja de luchar en el océano del destino y se entrega a las olas de la voluntad de la Verdad (al-Ḥaqq), esas olas no lo ahogan, sino que lo llevan a la orilla de la salvación. Ver la manifestación de la acción de Allah en todo lo que sucede libera al ser humano de miedos pasajeros, estrés y depresiones. Las preocupaciones mundanas, como el elogio o la crítica de las personas, la disminución o el aumento del sustento, se desvanecen con la conciencia del destino (qadar).
Ser Siervo en la Estación de Riḍā (la complacencia con el decreto divino)
Finalmente, el siervo alcanza el secreto de “la mano del destino me ha empezado a guiar”. Cuando trasciende de sí mismo y de sus propios deseos y llega a la pureza de la Verdad (al-Ḥaqq), el fuego de la objeción se apaga por completo. Ese siervo aprende incluso a recibir la calamidad como una gracia. Porque sabe que Allah prueba a Su siervo amado. Aquellos que soportan con sabr (la paciencia) las duras manifestaciones del destino y, en vez de decir “¿Por qué?”, muestran riḍā (la complacencia con el decreto divino) diciendo: “El juicio es Tuyo, ¡oh Señor!”, se hacen dignos de ser los huéspedes más selectos y nobles de la Verdad (al-Ḥaqq).

