El Tiempo de la Oración y su Respuesta
Una de las mayores debilidades de la humanidad es esperar que sus deseos y oraciones se hagan realidad al instante. Cuando lo deseado se retrasa, rápidamente cae en la desesperación, se rebela contra el destino e siente un resentimiento oculto hacia su Señor. Abdülkadir Geylânî (que Allah tenga piedad de él), advierte a los creyentes recordando que esta impaciencia es una cualidad satánica: “Si eres impaciente, serás un soldado del diablo. El movimiento cuidadoso y la paciencia son inspirados por Dios”. Quien se apresura no puede ver dónde está en el plan divino, ni comprender lo que quiere. El retraso de la oración es un plazo divino para que el siervo madure y alcance la perfección en su servicio.
Entrega al Flujo del Destino
Cada asunto tiene un tiempo (eceli) predeterminado en Allah, y ninguna hoja se mueve hasta que llegue ese momento. Impacientarse por las acciones y el decreto de Allah significa cuestionar Su sabiduría absoluta. El Hazrat Geylânî dice: “El juicio del pasado (destino) no está en nuestra contra… Nosotros debemos esforzarnos. La manifestación de la acción la hace Él como le place”, indicando que el siervo debe simplemente cumplir con su deber y esperar pacientemente el resultado. No está en manos del siervo forzar o retrasar un decreto escrito desde la eternidad.
Salvación al Final de la Paciencia
El siervo que espera pacientemente y con tranquilidad el decreto divino experimenta una purificación espiritual. La regla “La paciencia llama a la ayuda; eleva al hombre. Lo hace noble” es la mayor recompensa por abandonar la impaciencia. Aquellos que se enfrentan a las dificultades y son pacientes, incluso si ven que sus oraciones no se cumplen en este mundo, recibirán su recompensa eterna en el más allá. Un corazón que se somete a la voluntad de Allah y puede decir “Estoy contento con todo lo que viene de Ti”, zarpará en un mar de seguridad y paz absolutos, incluso en el mundo tormentoso.

