Clásicos del Sufismo · junio 20, 2026

La Verdad de la Oración: Un Aliento para el Hundido y una Ventana para el Recluso

El Lugar Necesario de la Oración en la Sumisión La oración es la manifestación más concreta de la humildad del ser humano, una criatura impotente, que busca refugio en Alá, el poseedor del poder infinito, y confiesa su …

El Lugar Necesario de la Oración en la Sumisión

La oración es la manifestación más concreta de la humildad del ser humano, una criatura impotente, que busca refugio en Alá, el poseedor del poder infinito, y confiesa su servidumbre. Abdülkadir Geylânî (r.a.) enfatiza que no orar impone una carga pesada al ser humano, mientras que orar es un permiso y refugio inmenso concedido por Alá a sus siervos. Al decir: “La oración es un aliento para el hundido; sirve como ventana para el recluso”, indica que las almas que se ahogan en los aprietos de la vida mundana solo pueden respirar y albergar esperanza de salvación a través de la oración. Si el mundo es una prisión, la oración es la única abertura luminosa que se abre hacia afuera de esa prisión.

Prisa y Decoro en la Oración

Entre las reglas más importantes a seguir para que una oración sea aceptada, están el decoro y la paciencia. La naturaleza humana es inherentemente impaciente; desea que su oración se cumpla de inmediato, de la manera que él desea. Sin embargo, Hazrat Geylânî recuerda que la oración no puede utilizarse como un instrumento de imposición que trasciende la sabiduría divina. Alá el Exalted dice: “Orad a tu Señor con humildad y silencio; Él no ama a los que se exceden” (Al-A’raf, 55). Excederse es mostrar impaciencia e insistir en deseos mundanos como si le estuvieras dictando a Alá lo que debe hacer. La oración aceptada es aquella que entrega por completo el resultado a la compasiva voluntad de Él.

La Oración como Medio para Disciplinar el Ego

Los creyentes perfectos, al orar, buscan el agrado de Alá más que sus propios beneficios. Su oración es un reflejo de una orden divina que emana de su interior. A veces suplican no por ellos mismos, sino solo por el perdón de la Ummah o por el agrado de Alá. Aquellos sabios en ese nivel no se preocupan por la demora en la respuesta a sus oraciones ni por no encontrar ninguna recompensa mundana; porque su verdadero objetivo es disfrutar de la delicia de estar a solas con su Señor al orar. Saben que las oraciones sin respuesta se convertirán en tesoros que traerán las mayores recompensas en el más allá.

La Oración Apoyada por el Arrepentimiento y la Purificación

Para que una oración sea aceptada ante Alá, es condición que la mano y el corazón del que ora estén libres de haram y hayan sido purificados con arrepentimiento. La advertencia: “Primero abre el velo que te oculta, luego suplica”, muestra que las oraciones hechas mientras se flota en la rebelión no pueden traspasar los velos. El siervo primero debe obedecer escrupulosamente los mandamientos de Alá, seguir el camino señalado por el Corán y la Sunnah (sembrar), pero solo entonces debe esperar misericordia (cosechar). Las oraciones hechas con sinceridad, con un corazón limpio y confiando únicamente en Alá, son llaves Rabbani que abren hasta las puertas más impenetrables de la prisión.