La Inmutabilidad del Sustento y el Decreto Eterno
La preocupación por el sustento y el temor a la carencia son las mayores esclavitudes psicológicas que someten al ser humano a la humillación, lo arrastran a la codicia y lo obligan a inclinarse ante las posesiones mundanas. Sin embargo, según la creencia islámica, el sustento de cada criatura está predeterminado desde la eternidad, y esta porción ni aumenta ni disminuye, no se adelanta ni se retrasa. Hazrat Gaylani advierte a aquellos que luchan con codicia con esta verdad absoluta: “El sustento ha sido asignado en su tiempo; no aumenta ni disminuye, no se puede adelantar ni retrasar”. El esfuerzo del ser humano no aumenta su sustento; solo lo impulsa por caminos ilícitos, preparando el terreno para su quiebra espiritual.
La Independencia Absoluta que Proporciona el Contentamiento
La verdadera riqueza no es la plenitud de las cuentas bancarias ni la abundancia de propiedades, sino la sensación del corazón de ser autosuficiente (müstagni). “El contentamiento es un tesoro inagotable. Lo que te corresponde en el mundo está determinado. No se irá a otro”. Un creyente que deja de extender la mano a las criaturas y no halaga a los tiranos por su sustento, es el hombre más rico del universo. “Confiar en la existencia divina es la mayor riqueza”. Los sabios que comprenden la naturaleza transitoria de las posesiones terrenales declaran: “¿Cómo puedes depender de tus posesiones materiales y perecederas? No importa cómo lo hagas, se escapará de tu mano”, proclamando que el único capital eterno es el tawakkul (entrega) y el contentamiento.

