Clásicos del Sufismo · junio 20, 2026

Manevi Sarrafın Gözünden Kaçmayan Sahtelikler: Riya ve İhlas

Engaño Maquillado: La Astucia del Hipocrita En el camino sufí, muchas personas creen que pueden engañar a la gente, adoptando una apariencia piadosa con un rosario en la mano y una túnica sobre sus hombros, para ser …

Engaño Maquillado: La Astucia del Hipocrita

En el camino sufí, muchas personas creen que pueden engañar a la gente, adoptando una apariencia piadosa con un rosario en la mano y una túnica sobre sus hombros, para ser considerados virtuosos. El pueblo común puede dejarse engañar por esta fachada brillante. Sin embargo, Abdülkadir Geylânî (r.a.) advierte a estos hipócritas de doble cara, sacudiéndolos: “Quizás puedas ocultarlo a las personas ignorantes. Pero, ¿cómo lo ocultarás a aquellos que tienen conocimiento y experiencia?” Un guía perfecto con el ojo del corazón puede diagnosticar instantáneamente la hipocresía, la ostentación y la codicia oculta de una persona.

La Mirada del Joyero que Distingue el Oro del Cobre

Un verdadero amigo de Allah mira a las almas, no a las apariencias. Hazrat Geylânî explica su aguda visión, derivada de su propio nivel espiritual, como la de un joyero: “El joyero no es ignorante; nada oculto en su estado se le escapa. Y aún menos a aquellos que poseen el poder del conocimiento divino”. Un oro falso puede engañar a un hombre ignorante, pero en el momento en que toca la piedra de toque del joyero experto, su falsedad queda al descubierto. Los santos perfectos observan con toda delicadeza las intenciones podridas dentro del ser humano como “manchas negras sobre una pantalla blanca”. Por lo tanto, hacer doble juego en su presencia es la mayor estupidez.

Secretos que no se Pueden Ocultar al Creador

El hipócrita que no puede engañar a su guía está olvidando que intenta engañar al propio Creador. Geylânî (r.a.), quien advierte: “Lástima, te escondes tras el telón para que los siervos no te vean. Pero no ves al Creador”, nos hace ver lo estúpida que es esta auto-ilusión. El creyente debe rasgar la falsa capa de piedad que se pone para ganar los elogios del pueblo y lavar toda la suciedad dentro con lágrimas y un arrepentimiento sincero. Los corazones que son uno por dentro y por fuera, brillando como oro puro ante el joyero, también adquieren un valor eterno en la presencia divina.