Clásicos del Sufismo · junio 20, 2026

La Enfermedad de la Envidia en la Balanza Espiritual: La Ruina de Codiciar la Suerte Ajena

La Ignorancia en la Raíz de la Envidia Una de las enfermedades más peligrosas que corroen internamente la vida espiritual del ser humano y lo arrastran hacia un shirk (asociar copartícipes a Dios) oculto es la "envidia" …

La Ignorancia en la Raíz de la Envidia

Una de las enfermedades más peligrosas que corroen internamente la vida espiritual del ser humano y lo arrastran hacia un shirk (asociar copartícipes a Dios) oculto es la "envidia" (haset, la envidia). Que una persona sienta celos de las bendiciones concedidas a otro y desee que esas bendiciones le sean retiradas, en realidad, es una crítica directa al decreto y destino de Allah (Dios). ʿAbd al-Qādir al-Gaylānī (que Allah esté complacido con él) advierte con severidad al envidioso: "Cuando envidias la parte de otro, caes en la mayor ignorancia. Tu suerte no se le dará a otro, no se transferirá a nadie más. ¡Que Allah te proteja!". Quien envidia, al no estar satisfecho con su propio destino, considera injusta la distribución de Allah y, de manera implícita, se rebela contra la decisión preeterna.

Oponerse al Poder Absoluto que Otorga las Bendiciones

Codiciar los bienes materiales, propiedades o posiciones mundanas de los demás es devaluar el propio espíritu. El Maestro Gaylānī describe la situación del envidioso con una comparación muy llamativa: "Tu envidia hacia tu vecino se asemeja a la envidia de aquel hombre... que ve el poder de un rey, sus soldados, sus parientes... y ve que ese perro se levanta, se sienta, ladra, y es alimentado y fortalecido con las sobras podridas de la cocina del rey; pues a ese perro le envidia". Cuando los tesoros infinitos de Allah están a disposición, quien envidia las posesiones mundanas efímeras (las sobras podridas) de su vecino, se encuentra en la cúspide de la necedad y la ignorancia.

Apagar el Fuego de la Envidia con Tawakkul (la confianza en Dios)

La envidia no solo destruye la otra vida del ser humano, sino que también arruina su paz en este mundo. El ser humano jamás podrá obtener, envidiando, aquello que no le ha sido destinado. Las bendiciones concedidas a otros son para que Allah ponga a prueba a ese siervo. El verdadero creyente, en vez de fijar la mirada en lo ajeno, purifica su propio qalb (el corazón) y presenta sus necesidades únicamente a Allah. Gaylānī (que Allah esté complacido con él), quien dijo: "La conformidad no se mantiene por religión ni por ascetismo, sino por mezquindad y bajeza. ¿Acaso puede encontrarse en este tiempo alguien más necio y más ignorante que esto?", señala que la salvación de esta enfermedad solo es posible mediante la conformidad, el riḍā (la complacencia con el decreto divino) y un tawakkul (la confianza en Dios) absoluto.