La Desilusión de Magnificar a las Personas
El mayor cansancio y decepción en las relaciones humanas proviene de atribuirles a las personas (esposo, amigo, jefe o directivos) un valor falso de inmortalidad o poder absoluto. Sin embargo, la ética sufí exige observar al pueblo con una visión “transitoria” y no aferrarse a ellos. “Mira a la gente con ojos de fugacidad. Piensa que desaparecerán; así mírale. No esperes beneficio ni daño de ellos. Reconócelos como impotentes y humildes”. Un creyente que acepta de antemano la impotencia y las imperfecciones de las personas nunca se derrumba cuando no ve lealtad o es víctima de injusticia.
La Libertad de Dejar de Esperar a los Demás
Aquellos que atan su sustento, su existencia y su futuro a las promesas de la gente, terminan convirtiéndose espiritualmente en esclavos de esas personas. Gaylaní (Q), exigiendo que las expectativas se dirijan completamente a Dios, dice: “No te aferres a la gente, que no posee el dominio sobre tu beneficio y perjuicio. Nadie más que tu Señor puede concederte nada”. Comprender que todo cargo y toda riqueza en nuestro entorno desaparecerán algún día de nuestras manos es el único camino hacia la independencia espiritual. “¿Cómo puedes depender de tu posesión material y transitoria? No importa cómo lo hagas, se escapará de tus manos”. El creyente monoteísta que concentra todas sus esperanzas en el Creador, se convierte en el ser humano más libre y seguro del universo.

