Primero, Cumplir con los Preceptos Exteriores
Muchas personas que ingresan en el camino del sufismo (taṣawwuf) piensan erróneamente que pueden dirigirse únicamente hacia los estados interiores (bāṭin), subestimando las normas religiosas exteriores (zāhir). ʿAbd al-Qādir al-Geylānī (que Allah esté complacido de él), rechaza de raíz esta comprensión desviada: «Actuad conforme al exterior. Eso es lo mejor para vosotros. En ello está la tranquilidad. No podéis comprender el mundo interior». Los mandatos y prohibiciones claros de la sharia (la ley sagrada) constituyen el fundamento sólido del edificio espiritual. El ser humano no puede elegir entre el blanco y el negro según su propio capricho; está obligado a cumplir los preceptos exteriores establecidos por Allah (Dios). Mientras el estado exterior no mejore y no se discipline mediante la adoración, es imposible que la luz llene el mundo interior y que se descorran los velos del qalb (el corazón).
Sin la Cáscara, la Esencia no se Protege
Para la gente de la espiritualidad, el conocimiento y los secretos divinos son una «esencia» (lub), mientras que las normas de la sharia (la ley sagrada) y las prácticas corporales de adoración son la «cáscara» que protege esa esencia. El Maestro al-Geylānī afirma: «El conocimiento es la cáscara, la acción es su esencia. La cáscara permanece para proteger la esencia... ¿Por qué sería necesario protegerla si no hay aceite en la esencia?», estableciendo así este equilibrio magnífico. Quien rompe y desecha las normas religiosas (la cáscara), sacrifica también el aceite de la maʿrifa (el conocimiento de Dios) interior a los robos del shayṭān (el demonio) y del capricho (hawā). Cumplir los mandatos expuestos en el exterior aporta luz al mundo externo, mientras que vivir el ikhlas (la sinceridad) propio del interior ilumina el espíritu. Sin embargo, quienes afirman reparar su mundo interior sin apegarse estrictamente a las normas exteriores, no hacen más que engañarse a sí mismos como pobres soñadores.
No Traspasar los Límites y el Camino de la Determinación
Un sālik (el caminante espiritual) que desea llegar a la Verdad (al-Ḥaqq), debe tomar el camino de la determinación (ʿazīma, la vía más firme y sin concesiones) en vez de refugiarse en las licencias (rukhsas, facilidades). Al-Geylānī (que Allah esté complacido de él) critica a quienes tuercen la religión según su propio interés diciendo: «Si hubiéramos perseguido la Verdad y la realidad como gente de determinación, no habríamos caído en este estado... Todos buscan lo fácil». Merodear en torno a los límites dudosos cuya licitud o ilicitud no es clara (buscar licencias) envenena el corazón. El verdadero viajero hacia la realidad toma como brújula el testimonio del Corán y la Sunna. No acepta ninguna inspiración o descubrimiento que no pase por la balanza de la sharia (la ley sagrada), y no se aparta ni un ápice del zāhir (el aspecto exterior) de la religión.

