El Dulce Secreto de Aceptar las Bendiciones
La naturaleza humana tiende a atribuir los logros, éxitos y bellezas que posee a su propia inteligencia, esfuerzo o superioridad. Sin embargo, en la ética sufí, esto se considera una gran ingratitud y ocultamiento ante Alá, el verdadero dueño de la bendición. Abdülkadir Geylânî (r.a.) afirma que la gratitud por las bendiciones de riqueza, propiedad y salud se basa en el principio de “reconocer a quien concede y aumenta”. El creyente debe recordar la bendición en todo momento y ver la generosidad y gracia de Alá. No apropiarse de las bendiciones como una propiedad personal, no transgredir los límites de Alá, es la base de la verdadera gratitud. Aquel que olvida a Alá al destacar su propio poder o el instrumento de las criaturas, cae en un oculto tipo de idolatría (falsedad). Por lo tanto, la gratitud no es solo una palabra en la lengua, sino que es arraigar firmemente en el corazón la certeza de que la bendición proviene del Dador Absoluto.
La Falta de Gratitud y la Fiereza de la Bendición
Al-Geylânî (r.a.) al explicar el poder de la gratitud para retener la bendición, narra la sagrada comparación del Profeta (s.a.w.): “La bendición es salvaje; ¡ámala con la gratitud!”. La bendición que no se agradece, se escapa de las manos del creyente como un animal salvaje sin ataduras. Alá Todopoderoso ayuda a Sus siervos con Su gracia, Su poder y Su voluntad, e todo bien proviene de Él. Sin embargo, cuando el creyente se sumerge en los pecados y comete errores, esta desgracia es producto de sus propias malas elecciones. Presumir cuando llegan las bendiciones y olvidar a su verdadero dueño, así como lamentarse en momentos de adversidad, son signos de ingratitud y ceguera del corazón. El verdadero conocedor recuerda constantemente la advertencia: “¿No vas a reconocer estas bendiciones que te ha confiado?” y se enfoca en Su gracia más que en la abundancia de las bendiciones.
Admitir las Deficiencias y la Bendición de la Gratitud
Un creyente fiel nunca exagera sus acciones, actos de adoración o logros; siempre admite sus propias deficiencias e impotencia. Agradecer es atribuir todas las situaciones, excepto el mal y la censura, a Alá. Cuando le sucede algo bueno, el creyente debe decir: “Es la gracia de Alá”, y cuando le sucede un desastre, debe decir: “Es el resultado de mis pecados” encontrando su culpa en sí mismo. Esta delicada cortesía rompe el orgullo y la audacia del ego, salvando a la persona de convertirse en un Faraón. El siervo que agradece a Mevlâ para que no escatime Su ayuda y continúe con Su bendición, acepta que toda fuerza y poder en su existencia le pertenecen a Él. Aquellos que olvidan al dador de las bendiciones y se aferran a la propia bendición, están condenados a quedar en el más allá con las manos vacías y desamparados.

