Clásicos del Sufismo · junio 21, 2026

Enfermedad de la Adulación: Los Daños que la Pasión por la Fama Causa al Corazón

La Vanidad Detrás del Amor por la Adulación Una de las mayores calamidades que acarician el ego humano y lo alejan de su Señor, arrastrándolo a una embriaguez espiritual, es el amor por la fama y el deseo de ser alabado. …

La Vanidad Detrás del Amor por la Adulación

Una de las mayores calamidades que acarician el ego humano y lo alejan de su Señor, arrastrándolo a una embriaguez espiritual, es el amor por la fama y el deseo de ser alabado. Al analizar por qué las personas disfrutan tanto siendo elogiadas, Imám al-Ghazalí señala que la razón fundamental subyacente es “la vanidad” y el deseo de “creer en la perfección de su propio ego”. La persona elogiada siente placer pensando que ha vencido a su propio ego con las palabras del elogioso, que su poder y superioridad han sido confirmados. Sin embargo, este placer no es más que el despertar de una suntuosidad oculta en el corazón, es decir, la ilusión de “Soy el mayor”. El amor por la grandeza y el rango es una enfermedad implacable que oxida el corazón y desgarra la sinceridad desde sus raíces.

Engañarse con Elogios Falsos

Uno de los ejemplos más impactantes de cuán proclive a la vanidad es el ser humano, también es su capacidad para creer incluso en elogios falsos. A veces, una persona sabe claramente que su interlocutor le está mintiendo, que lo adula esperando un beneficio y que, en realidad, se está burlando de él; sin embargo, disfruta internamente al escuchar esas palabras halagadoras. Esto es evidencia de que esa persona ha sucumbido a las meras palabras de elogio. Una persona que se aferra a estas falsas exaltaciones, incluso sabiendo la verdad, ha abandonado por completo el adiestramiento de su ego y ha perdido la razón en la sombra de la vanidad. Los verdaderos conocedores han visto los elogios de las personas como veneno de escorpión y los han evitado con vehemencia.

Humildad Frente a la Adulación y el Verdadero Honor

Un creyente sincero conoce muy bien sus propias deficiencias e impotencia en su mundo interior, incluso si toda la gente de la Tierra lo elevara al cielo. Él sabe que solo a Alá le pertenece el elogio absoluto (hamd). Los elogios de las personas no lo embriagan, ni lo entristecen los insultos y las críticas; porque su único objetivo es complacer a su Señor. Hasta que se arranque del corazón la auto-complacencia (ucub) y la ambición de esperar los aplausos de la gente, no se puede alcanzar una conciencia completa de la servidumbre. Cuando el siervo escapa de la esclavitud de los falsos rangos y los elogios vacíos, alcanza el mayor honor ante Alá y saborea la verdadera libertad espiritual.