La Transitoriedad y el Engaño del Mundo
Según la creencia islámica, la vida en este mundo es un examen temporal y engañoso con un final. Apegarse a la ostentación y los rangos del mundo aleja al individuo de su verdadero propósito, que es la otra vida y el agrado de Allah. Los grandes santos han visto el mundo como una mercancía vieja, anciana y fea, sin darle valor. Aquellos que se sumergen en él solo para mejorarlo, en realidad destruyen sus propios destinos en la otra vida. Cuando llega la muerte, ni siquiera los bienes acumulados, las propiedades o los títulos falsos beneficiarán a nadie; solo quedan las buenas acciones.
Hacer del Mundo un Campo de la Otra Vida
El Islam no ordena rechazar completamente el mundo, sino convertirlo en un medio para la otra vida. Como dijo nuestro Profeta (s.a.v.): “El mundo es el campo de cultivo del otro reino. El que siembra bien cosecha alegría, y el que siembra mal recoge arrepentimiento”, el creyente inteligente invierte lo que gana en el mundo para la otra vida. Busca su sustento dentro de los límites del halal, toma solo lo necesario y gasta lo demás en el camino de Allah, preparándose para una vida eterna 69, 70. Poner al mundo por delante de la otra vida es perder ambas; pero poner a la otra vida en el centro trae paz en este mundo y salvación en el más allá.
Purificar el Corazón de lo Que No Es Allah
El corazón del creyente es el lugar de atención de Allah; tanto el amor por el mundo como el amor por la otra vida no pueden caber allí al mismo tiempo. Quien arranca su corazón de los deseos mundanos se acerca a la Verdad y obtiene una tranquilidad espiritual. Aunque el siervo administre asuntos mundanos con sus manos, debe mantener siempre su corazón unido a la Otra Vida y a Allah. Todo tiene un propósito; el verdadero propósito de apartarse del mundo y dirigirse hacia la adoración es simplemente encontrar al Más Alto. Quien encuentra a Allah ha encontrado todo, y quien lo pierde ha perdido todo.

