La Importancia del Ixsan y la Moral de la Generosidad
La generosidad (kerem), uno de los pilares sociales y espirituales del Islam, es la mejor manera de romper el apego del ser humano a sus posesiones mundanas. El Shayj Sadi-i Shirazí abordó el Ixsan y la generosidad como una sección separada en su obra "Bostan", indicando que los ricos tienen un deber de gratitud hacia la gracia de Alá y deben extender la mano a los necesitados 19, 20. La generosidad no es simplemente distribuir lo que sobra, sino alcanzar el nivel de poder elegir a otros incluso cuando uno mismo tiene necesidades (isar). Un creyente con Ixsan, al dejar la limosna en la mano del pobre, está consciente de que realmente está entregando esa posesión en la poderosa mano de Alá.
Los Desastres de la Avaricia y la Ceguera Espiritual
La avaricia (buhl) y el apego excesivo a las posesiones son una de las enfermedades cardíacas más peligrosas, según Imam Ghazali en su sección de "Mühlikât" (cosas destructivas). Acumular riqueza y evitar gastarla en el camino de Alá es un indicio de la falta de confianza del siervo y la debilidad de su fe en el Más Allá. Como también expresó Sadi, el avaro vigila sus posesiones pero muere sin poder consumirlas. Retener las bendiciones es, en realidad, ingratitud hacia el verdadero dueño de esa bendición. Los místicos enfatizan cómo esta moral corrompe espiritualmente a una persona diciendo: "Las cosas que contienen maldad son para los avaros y los corruptos".
Dar sin Expectativas y la Purificación del Corazón
La verdadera generosidad es no esperar ni un beneficio mundano ni elogios a cambio de una buena acción. Abdülkadir Geylani afirma que aquellos que adoptan la moral de la kerem y la generosidad colocan la preocupación por el Más Allá antes de la preocupación por el mundo. La limosna dada por la complacencia de Alá extingue el fuego del orgullo y el amor mundano en el corazón del siervo. Un derviche comparte no solo para satisfacer su cuerpo, sino para que su alma alcance una frescura espiritual. El siervo generoso sabe que Él es quien da, Él es quien recibe. Esta comprensión transforma la posesión de un fin a un medio para obtener el agrado divino y libera a la persona en una verdadera libertad.

