El Orden Divino en la Naturaleza y el Secreto de las Montañas
La contemplación (tefekkür) es la forma más sublime de percepción que vivifica el qalb (el corazón) del creyente y le permite comprender la grandeza de su Creador. La tierra y lo que contiene, colmada de paisajes llenos de lecciones, es un libro grandioso para los ojos dotados de discernimiento. Si la persona no desea limitarse solo a los milagros presentes en su propio nafs (el ego / alma inferior), debe volver su rostro hacia la naturaleza. Contemplar cómo Allah Altísimo ha extendido la tierra y la ha ensanchado a su alrededor es un gran tema de reflexión. Para que la tierra permanezca tranquila y no tiemble, las montañas han sido clavadas como clavos; de las duras rocas brotan aguas dulces, dando vida al suelo. Si estas aguas no se hubieran retenido en el interior de esas piedras duras, todas se habrían derramado de golpe y habrían destruido la tierra y sus cultivos. Todo esto es obra de un conocimiento y una sabiduría absolutos.
La Armonía de la Lluvia y las Gotas de la Misericordia
Cuando llega la primavera, la tierra revive gracias a la lluvia que desciende sobre ella, se cubre de verdor y se adorna con mil y un bellos colores. Una de las manifestaciones más hermosas de la gracia de Allah es la lluvia. La lluvia no cae del cielo de una vez como un torrente; Allah la hace descender gota a gota, separándola en el aire de modo que no cause daño ni a Sus siervos ni a las plantas. Cada gota de lluvia cae en una dirección determinada hacia el lugar que le ha sido asignado. Las cabezas de los brotes que están a punto de secarse por la sed son lavadas con estas aguas, y las raíces de los árboles absorben esta agua de misericordia a través de venas ocultas. Mientras el ser humano observa simplemente esta armonía, la compasión y la misericordia de Allah penetran así en cada partícula.
La Sabiduría de la Nieve, las Nubes y los Climas
En el hecho de que las aguas desciendan del cielo no solo en forma de lluvia, sino también de nieve, se esconden grandes secretos. Las gotas que caen al suelo se encuentran en su camino con corrientes de aire frío, se congelan y se convierten en nieve, esparciéndose sobre la tierra como el algodón lanzado por los cardadores. Si Allah no pusiera a disposición de innumerables seres humanos, plantas y animales todos los mares y aguas del mundo, la vida no podría continuar. Las nubes se agrupan, los vientos las transportan y, en el momento exacto en que la tierra lo necesita, dejan caer su agua. Todo este equilibrio ecológico no es un mecanismo inconsciente que funciona por sí solo; es, en sí mismo, una cadena de innumerables bendiciones que el Sublime Creador, Quien Todo lo Sabe, Quien Todo lo Puede y es poseedor de misericordia infinita, concede a Sus siervos.

