La Ignorancia de Quienes No Conocen Su Valor
En la creencia islámica, la mayor ceguera de un ser humano no es que sus ojos no puedan ver, sino que el ojo del corazón (basira) en su pecho se cierre por completo a la verdad. Aquellos que se oponen a los mandatos divinos debido a su orgullo y egoísmo, aquellos que colocan sus mentes limitadas frente a la sabiduría absoluta, en realidad están traicionando sus propias almas. En la obra Makâmât-ı Şâh-ı Nakşibend, la lamentable situación de esta gente despreocupada se expresa así: “Cómo pueden saber el valor los que lo niegan / No saben que la Sharia es fe”. Para un murciélago que entrecierra los ojos al sol, la existencia del sol no tiene sentido; pero no reconocer el valor del sol no disminuye su magnificencia, sino que solo hace que el murciélago permanezca en la oscuridad.
La Sharia No es Solo una Regla, Sino Fe
Muchas personas ven los mandatos y prohibiciones de la religión (Sharia) simplemente como un sistema legal social o reglas restrictivas del pasado. Sin embargo, la verdad enfatizada en esta noble obra es: “No saben que la Sharia es fe”. La Sharia es la propia fe. Creer que una orden proviene de Alá y someterse a esa orden sin ninguna duda es la única prueba de cuán profundamente arraigada está la fe en el corazón. Aquel que tiene fe en su lengua pero niega o menosprecia los mandatos de Alá en sus acciones, está arrancando con sus propias manos la semilla de la fe de su corazón.
La Sinceridad y la Entrega en la Obediencia
Imam al-Ghazali (k.s.) dice que los actos de adoración de un ser humano no deben realizarse solo por miedo o con la expectativa del paraíso, sino porque es el mandato de Alá, debido al amor que se siente por Él. Lo que los negadores no pueden comprender es exactamente esto: la “dulzura de la obediencia” inherente a esos mandatos divinos. Aplastar el ego y poder decir: “¡Tu orden sea mi guía, oh Señor!” crea una inmensa expansión (inshirah) y paz en el corazón. La persona que niega carece de la tranquilidad psicológica y espiritual que trae esta obediencia; siempre es arrastrada por la tormenta de sus deseos, susurros y preocupaciones mundanas.
Agarrarse con Firmeza a la Guía Verdadera
Si un ser humano rechaza una cuerda sólida (irshad) que se le extiende cuando está a punto de ahogarse en un mar tormentoso, diciendo: “No necesito esta cuerda”, su final será el desastre. El verso “Cuando te enviamos para guiarte / Rechazar al noble guía es la Sharia” recuerda que las leyes divinas son como boyas salvavidas enviadas para rescatarnos de esos mares oscuros. Por más atractivas que parezcan los caminos de los negadores, su final será la pérdida. El creyente sensato es aquel que se aferra con firmeza a esta guía divina, se tapa los oídos a los susurros de los negadores y da sus pasos siempre en la luz del Corán y la Sunnah.

