Clásicos del Sufismo · junio 21, 2026

La Plaga de la Envidia en la Ética Islámica y la Aceptación de la Distribución Divina

La Naturaleza de la Envidia y la Cúspide de la Ignorancia Una de las enfermedades más peligrosas que corroe la vida espiritual del ser humano y lo arrastra a la rebelión contra su Señor es la envidia (celos). El gran …

La Naturaleza de la Envidia y la Cúspide de la Ignorancia

Una de las enfermedades más peligrosas que corroe la vida espiritual del ser humano y lo arrastra a la rebelión contra su Señor es la envidia (celos). El gran guía del sufismo, Abdülkadir Geylânî (r.a.), considera que el hecho de que una persona fije sus ojos en las bendiciones de otra y sienta envidia por ellas es la señal más grande de ignorancia y estupidez. En efecto, el sustento y la parte destinada a cada uno están predeterminados desde la eternidad en la distribución divina; la porción de nadie se dará jamás a otro, ni tampoco la porción que tiene en manos otros pasará al envidioso. Siendo así, envidiar las bendiciones dadas a otros no aumenta el sustento propio, sino que solo oscurece el corazón y lo aleja de la protección de Allah. El envidioso, sin saberlo, contradice el secreto "Mi decreto no es alterado y Yo nunca soy injusto con Mis siervos" (Kaf, 29), y se opone al destino de Allah.

Como los Perros del Rey y la Falta de Gratitud

Su Eminencia Geylânî explica la fealdad de la envidia con una impactante analogía: La situación de un hombre que siente envidia por el tesoro que se encuentra en el suelo dentro de la casa de su vecino, mientras hay un lugar lleno de los tesoros del rey, sus soldados y su reino, es similar a la de un perro que celosa de la comida que le sobra de la cocina del rey. Ese perro ladra y se fortalece con la comida de la cocina del rey, mientras que el envidioso se consume por dentro al ver esa situación. Que una persona se degrade a un nivel tan bajo en términos de contentamiento, religión y ascetismo es una deficiencia de razón e fe. Quien ignora los innumerables beneficios que Allah le ha otorgado y se aferra a la más mínima bendición en otro, es un pobre iluso que no tiene en cuenta que el día del juicio final tendrá que dar cuentas y luchar por esas mismas bendiciones que envidió.

Aceptación del Destino y Purificación Interior

El verdadero creyente se somete con total resignación a la distribución de sustento, honor y rango que Allah realiza entre Sus siervos. En aquel día difícil en el que se expresará con las palabras "Ojalá nuestros cuerpos fueran cortados como retazos", quedará al descubierto lo insustancial de los deseos mundanos. Es el deber del creyente ser paciente con los azotes, agradecer por las bendiciones que tiene en sus manos y alegrarse por el éxito y el sustento de su vecino como si fueran propios. Si el siervo no apaga el fuego de la envidia y la codicia en su mundo interior, estará condenado a retorcerse en una tristeza e humillación inagotables durante toda su vida mundana; y en el reino eterno quedará privado de la mirada misericordiosa de Allah. El siervo que purifica su corazón de la envidia, obtiene el agrado de Hak Teâlâ y alcanza una paz interior infinita.