El Pilar de la Religión y la Purificación del Corazón
La oración (namaz) es el pilar más fundamental del edificio islámico y el corazón de la adoración. No es simplemente una forma de movimientos corporales realizados en momentos específicos, sino el vínculo espiritual más fuerte que el ser humano establece con su Creador. Imam Ghazali (que Allah ilumine su secreto) expresa la profunda verdad de la oración de la siguiente manera: “La oración limpia al corazón de las manchas del pecado y abre la puerta del mundo oculto”. Una oración cumplida adecuadamente purifica el mundo interior del siervo de la hipocresía, el orgullo y los deseos mundanos, protegiéndolo de enfermedades espirituales.
Atención (Huşu) y Comunicación Divina en la Oración
La verdadera oración es un lugar especial de comunicación privada (munajat) entre Allah y su siervo 78, 84. Cuando un siervo recita Al-Fatiha en la oración, está hablando directamente con su Señor, sometiendo su propia impotencia ante su ilimitada grandeza 85, 86. Un creyente que ora perfectamente abandona las preocupaciones mundanas al ponerse de pie para la oración y tiembla ante la presencia divina como si estuviera dando un paso en la vida futura 85, 86. Las oraciones realizadas por vanidad o con descuido son condenadas en el Noble Corán con el versículo: “¡Ay de los que rezan, pero están descuidando sus oraciones!” (Maun, 4-5) 87, 88.
El Ascenso del Creyente
El secreto de la cercanía a la Verdad, concedido al Profeta Muhammad (s.a.v.) en la noche del Ascensión (Miraç), se ha regalado a su ummah a través de la oración. La verdad de que “la oración es el ascenso del creyente” expresa el momento en que el siervo está más cerca de su Señor en la prostración 86, 89. La persona que ora abandona el mundo con el takbir de apertura (Allahu Akbar), se inclina en el rukú y alcanza la cúspide de la sumisión en la súplica. Esta elevación espiritual nutre el alma, cura el corazón y libera al creyente de la oscuridad de las tribulaciones mundanas hacia la tranquilidad.

