Clásicos del Sufismo · junio 21, 2026

La Verdad del Ser Humano: El Cuerpo como Montura y el Viaje Infinito del Alma

Dos Géneros de Mundo y la Creación del Ser Humano Allah, con su inmensa potencia, creó el universo fundamentalmente de dos géneros: el mundo de los cuerpos y el mundo de las almas. Para que el ser humano comprenda el …

Dos Géneros de Mundo y la Creación del Ser Humano

Allah, con su inmensa potencia, creó el universo fundamentalmente de dos géneros: el mundo de los cuerpos y el mundo de las almas. Para que el ser humano comprenda el propósito de su existencia, primero debe comprender su propia naturaleza, es decir, esta dualidad entre cuerpo y alma. El ser humano no es simplemente una entidad hecha de carne y huesos; su verdadera esencia es el corazón, proveniente del reino del malakût (mundo espiritual), que está capacitado para conocer a Allah y amar Su belleza. Quien ignore la superioridad y el valor de la gema del corazón, desperdicia este inmenso potencial en los asuntos mundanos, cayendo en una gran ilusión. Porque el verdadero alimento y deleite de esta gema es el más allá; la alegría sin tristeza, la morada eterna y, sin duda, el perdón solo se obtienen al contemplar la belleza de Allah.

El Equilibrio del Alma Humana y el Alma Animal

Dentro del mundo interior del ser humano hay un “alma animal” y un “alma humana”. El alma animal es como una montura dada para servir al alma humana y llevarla a su objetivo. Los guías espirituales explican esta situación con la analogía de una lámpara: el alma humana puede considerarse como una luz que irradia iluminación, mientras que el alma animal es la lámpara en la que esa luz brilla. El alma animal proporciona las necesidades materiales del cuerpo y su vitalidad, mientras que el alma humana anhela la vida eterna y el agrado de Allah. Si esta montura, el alma animal, se rebela o se corrompe, o si su temperamento se degenera, el corazón y el cuerpo perecerán. Por lo tanto, la mayor tarea del ser humano es controlar su propio yo (alma animal) con la razón y la fe, dirigiéndolo hacia su verdadero objetivo.

La Transitoriedad de la Montura, la Eternidad del Alma

La vida mundana es una estación temporal donde el alma se prepara para el más allá. El mundo de los cuerpos fue creado como un lugar de tránsito con este propósito, para que las almas tomen provisiones para el más allá. Cuando llega la hora del fallecimiento, el cuerpo (la montura) se convierte en polvo, pero el alma humana permanece eterna. La pérdida de la montura y las herramientas no requiere la aniquilación de la verdadera entidad, que es el alma. El alma desprovista de cuerpo ya sea regresa a su origen iluminada con las luces que obtuvo en el mundo, o si ha sido cautiva por los deseos mundanos, permanecerá en la oscuridad con una gran decepción. Un creyente inteligente que conoce esta verdad invierte no en la montura transitoria, sino en la gema eterna del alma.