La Capacidad del Corazón y la Dirección Errónea
¡Sabed, oh humanos! El Exaltedísimo Alá ha colocado en el interior de vuestros pechos un corazón tan vasto como para contener todo el universo, pero tan delicado que solo es suficiente para un único Amor. El corazón, por su propia naturaleza creada, necesita amar y conectarse. Sin embargo, el ser humano, debido a su ignorancia, gasta esa capacidad infinita de amor en entidades perecederas: dinero, poder, fama o apariencias. La gran súplica que se esconde en las profundidades de la obra Makâmât-ı Şâh-ı Nakşibend es para romper y desechar estos ídolos falsos (masiva) que ocupan el corazón. En un corazón que es el lugar de gracia de Alá, no puede residir amor absoluto por nadie más que Él. Como dijo Imam Gázalí (p.q.), estos amores mundanos son piedras de molino atadas al cuello del viajero del Más Allá.
El Poder Purificador del Fuego del Amor
En el camino del sufismo, las enfermedades más obstinadas del ego no pueden curarse completamente con un conocimiento seco o simplemente con actos de adoración formales. La única fuerza que puede erradicar estas enfermedades de raíz es el “Amor Divino” fuego. Cuando el amor por Alá cae en un corazón, ese fuego quema todos los deseos mundanos, miedos y arrogancia. Los temas de “amor y afecto” que se mencionan en los textos Makâmât son cuando el siervo enamorado desprecia su propia existencia en el camino del Amado (de Alá). El siervo enamorado no se esfuerza por sacrificar su sueño, no se queja cuando tiene hambre, ni teme la censura de la gente. Porque ya ha olvidado la cara fría del mundo con el ardor del fuego divino dentro.
Liberarse de los Lazos Mundanos
El verdadero amante vive en el mundo, pero no es del mundo. Incluso si tiene riqueza en sus manos, esa riqueza no entra en su corazón; incluso si pierde todo a la vez, su rostro no se ensombrece. Porque ha encontrado el verdadero Tesoro, que es el amor del Creador. Para un siervo que ama a Alá, ni siquiera los ríos o los palacios del paraíso se convierten en el objetivo principal; su única súplica es el grito: “Solo Te necesito, solo Te necesito”. El final de los amores perecederos es la separación, la tristeza y el arrepentimiento. Pero el amor por Alá, que es Eterno, lleva al hombre más allá de la muerte a una reunión eterna e infinita fidelidad.
Vuslat: El Precio de Reunirse con el Amado
¡Oh, negligente! No se puede perseguir un caso de amor gratuitamente. Hay un precio para el amor divino; es renunciar a los propios deseos y mostrar una aceptación incondicional de la voluntad de Alá. No quejarse en momentos de calamidad, no pavonearse en momentos de bendición, considerar cada adversidad como una gracia es una condición del amor. El camino de Şâh-ı Nakşibend es el de mantener vivo constantemente ese fuego del amor manteniendo el corazón ocupado con el “Zikr-i Hafî” (zikr secreto).

