El Ayuno con Todo el Cuerpo
En la ética islámica, la verdadera precaución (takwa) no se limita a proteger el estómago de los alimentos prohibidos. Proteger todos los órganos, especialmente los ojos, los oídos y las manos, de las acciones que Allah no aprueba, es un verdadero deber de servidumbre. Imám al-Ghazalí dice que es obligatorio evitar mirar con los ojos hacia lo prohibido, como se evita proteger el vientre en el momento del iftar, y evitar escuchar chismes con los oídos. De lo contrario, las transgresiones cometidas con los ojos o los oídos envenenan y oscurecen el corazón, como un bocado prohibido que entra en el cuerpo.
El Veneno Espiritual de Mirar lo Prohibido
El ojo es la puerta más grande hacia el corazón. Lo que ve y en lo que se enfoca el ojo, con eso se ocupa el corazón. Abdülkadir Geylani (r.a.) aconseja firmemente no abrir los ojos a lo prohibido ni impulsar al cuerpo hacia el mal. “No abras tus ojos a lo prohibido… Si haces esto, se te dará la fuerza para recordar el bien dentro de ti”. Mirar lo prohibido es calificado por los maestros sufíes como una flecha venenosa de Satán. Cuando esta flecha venenosa impacta en el corazón, destruye el amor divino y la sinceridad allí presentes, reemplazándolos con deseos egoístas.
Gestionar los Órganos con Vigilancia Constante
Para que los órganos puedan estar completamente protegidos de los prohibidos, es necesario ser consciente de que el corazón está en constante vigilancia (murakaba) de Allah. Si una persona alcanza la comprensión mental y espiritual de “Mi Señor me ve ahora”, su mano no irá al robo, ni sus pies a lugares de perdición. Mantener el cuerpo en un ayuno constante contra el mal mantiene vivos la razón y el corazón. Cuando el mundo interior se conecta con la Verdad, los órganos externos comienzan naturalmente a actuar de acuerdo con las buenas costumbres islámicas y la Sunna.

