El Bien como Instrumento de Prueba
En la religión islámica, la riqueza y la propiedad no son inherentemente malas; lo malo es que el amor por esa riqueza eclipse el amor a Alá, ocupando el corazón. Allah, el Exalted, otorga a Su siervo bendiciones mundanas como riqueza y propiedad; el siervo se ocupa de esta riqueza y propiedad y se queda atrás en sus actos de adoración. Esta negligencia hace que la persona olvide su propósito original de creación e idolatre objetos perecederos. El Señor, Glorificado sea Él, coloca un velo entre Él y tal siervo; lo aleja de Él tanto en este mundo como en el más allá. Incluso recupera de él su riqueza y propiedad; así, esta persona queda en la pobreza y necesidad en este mundo. Esta persona, que pierde tanto su mundo como su más allá, paga un precio elevado por los falsos amores.
Sostener la Prosperidad Material sin Permitir que Entre al Corazón
La verdadera austeridad no es que una persona no tenga riqueza en sus manos, sino que esa riqueza no domine a la persona. El siervo, a quien se le han otorgado bendiciones mundanas, si no se queda atrás en sus actos de adoración y continúa ocupándose de obedecer a su Señor; Allah, el Exalted, perpetúa Sus bendiciones sobre él sin disminuir ni una partícula. Este siervo gasta su riqueza no en la rebelión de su ego, sino en el agrado de Alá (infak, zakat, caridad). Este siervo es un sirviente de Allah, el Exalted; la riqueza y la propiedad son los sirvientes de este siervo. Como está escrito en el verso noble: “Adoradle solo a Él y alabadle, porque finalmente volveréis a Él” (Bakara, 176).
Conocer el Valor de la Bendición con Gratitud
No olvidar al verdadero dueño de la bendición es el vínculo más fuerte que previene que esa bendición se escape de las manos. La gratitud por la bendición de la riqueza es: reconocer a quien la otorga y la aumenta, que es Allah, el Exalted. Recordar esta bendición en todas las circunstancias es ver la generosidad y la gracia de Allah, el Exalted. No apropiarse de las bendiciones, no transgredir sus límites, no abandonar Su orden al respecto, cumplir con los derechos de la riqueza como zakat, expiación, votos y caridad, correr en ayuda del afligido, tratar de aliviar las dificultades de quienes tienen necesidades es en sí mismo gratitud. Es transformar horas pasadas en maldad y sufrimiento en horas pasadas en bendiciones y abundancia. La planta del siervo que cumple con la gratitud por la bendición se riega, sus ramas crecen y su bendición es perpetua.

