El Verāʾ como Esencia de la Religión
Uno de los dinamismos más fundamentales de la educación sufí (taṣawwuf) es el maqām (estación espiritual) de verāʾ (verāʾ: abstenerse de lo dudoso), que consiste no solo en evitar los actos prohibidos (ḥarām), sino también en mantenerse rigurosamente alejado de aquellas cosas dudosas cuya licitud o ilicitud no es clara. ʿAbd al-Qādir al-Jīlānī (que Allah esté complacido de él) subraya la importancia vital de esta ética para la protección espiritual diciendo: “La esencia de la religión es el verāʾ, y lo que la destruye es la avaricia.” Cuando el ser humano sigue a su nafs (el ego / alma inferior) y se lanza tras los bienes mundanos, y al adentrarse en los mubāḥ (cosas permitidas) va más allá y cae en lo dudoso, sin darse cuenta se acerca a los límites del ḥarām. Así, entre los Compañeros (ṣaḥāba) del Profeta (el Mensajero de Dios, la paz sea con él), como Abū Bakr y ʿUmar, se vivió la cumbre del verāʾ, como lo expresaron diciendo: “Por temor a caer en el pecado, solíamos abandonar setenta tipos de cosas permitidas” o “Por temor a caer en lo prohibido, abandonábamos nueve décimas partes de lo lícito.”
El Peligro de Merodear en Torno a los Mubāḥ
Merodear con deseo en torno a los límites que la sharia (la ley sagrada) ha prohibido de manera definitiva es un gran peligro. Si alguien quisiera entrar en la fortaleza de un rey, tendría que pasar por la primera, segunda y tercera puerta para llegar al recinto principal. Si la persona se entretiene fuera de la puerta o nada en aguas dudosas, puede enfrentarse a la ira de los guardianes (los ángeles y los límites divinos). Un creyente poseedor de verāʾ, incluso cuando se le presentan oportunidades mundanas, no se lanza sobre ellas de inmediato; se aferra firmemente a la regla de “no emprender ninguna acción hasta que se aclare su licitud”. En su interior, sopesa si esa acción es únicamente por la complacencia de Allah o si es un deseo de su nafs o una sugestión de Shayṭān (el demonio).
Seguir el Camino de la Azīma y la Salvación
Conformarse con las licencias (rukhsas) y conceder al nafs todo lo permitido que desea, con el tiempo, lleva a la pereza y embota la vigilancia espiritual. El verdadero camino de la ḥaqīqa (la realidad interior) y la salvación está en la azīma; es decir, vivir los preceptos de la religión al más alto nivel, sin concesiones y con meticulosidad. Quien elige la azīma, educa su nafs, se protege de las sugestiones de Shayṭān y abre su qalb (el corazón) a las luces divinas. Cuando llega la muerte, esta persona obtiene una gran recompensa por haber vivido una vida de adoración y obediencia. El creyente perfecto que no ingiere ni un solo bocado dudoso ni da un solo paso en acciones dudosas, alcanza directamente la complacencia (riḍā) de Allah en su viaje espiritual, sin tropezar.

