Clásicos del Sufismo · junio 21, 2026

Vida Más Allá y el Día del Juicio: La Pesada de las Acciones

Transición de la Morada Terrenal a la Tierra del Más Allá La vida en el más allá, uno de los pilares fundamentales de la creencia islámica, es la cuenta eterna que comenzará después de la estancia temporal del ser humano …

Transición de la Morada Terrenal a la Tierra del Más Allá

La vida en el más allá, uno de los pilares fundamentales de la creencia islámica, es la cuenta eterna que comenzará después de la estancia temporal del ser humano en este mundo. El Exalted Allah ha hecho del reino de los cuerpos una posada para los espíritus y ha destinado a cada uno un tiempo determinado en este reino. El más allá comienza con el fin de ese plazo designado; pues allí no hay posibilidad de aumento ni disminución. Cuando llega la muerte, el alma se separa del cuerpo y emprende el camino hacia aquel día terrible, el Día del Juicio, donde el ser humano verá los resultados reales de sus acciones en esta vida. En aquel día, el velo de las acciones de la vida terrenal se levanta y el hombre se enfrenta a la verdad absoluta.

El Mizan: La Balanza Precisa de las Acciones

En el Día del Juicio, los espíritus son enviados de vuelta a los cuerpos para la cuenta y la recompensa, y los libros registrados por los ángeles “Kiramen Kâtibîn” mientras estaban en el mundo se abren a todos. Incluso la más mínima bondad o maldad que una persona haya hecho en el mundo le serán presentadas. La balanza divina establecida para pesar la cantidad de méritos y pecados se llama “mizan”. Esta balanza no es como las balanzas mundanas; allí, el peso de las acciones se mide según la sinceridad y la piedad en la intención de la persona. Las acciones de los seres humanos serán evaluadas con esta medida espiritual ante Allah, que posee la justicia absoluta, sin ninguna injusticia.

El Peso del Derecho Ajeno en el Día del Juicio

Una de las cosas más temidas en el campo del Día del Juicio es el derecho ajeno. Incluso si una persona ha cumplido sus actos de adoración a la perfección, la situación de quien ha invadido los derechos de otros es extremadamente precaria. En aquel gran día de cuentas, se le detiene con el mizan al lado; tiene méritos como montañas por las acciones que cometió en el mundo. Sin embargo, en el lugar donde se le detiene, se le pregunta cómo cuidó a su familia, cómo cumplió sus derechos y obligaciones, de dónde obtuvo su riqueza y adónde la gastó. Se hace una cuenta tan minuciosa que las injusticias que cometió en el mundo se cargan sobre su cuello y todos sus méritos se le quitan para compensar esas injusticias. Si no le queda ningún mérito, los pecados de los oprimidos se le imputan. Por lo tanto, la verdadera salvación es poder ir al más allá sin deudas y libre del derecho ajeno.