La naturaleza del zuhd y el abandono del mundo
En la espiritualidad islámica, el zuhd (zuhd, desapego del mundo) consiste en que el qalb (el corazón) se insensibilice ante los placeres mundanos y efímeros, orientándose hacia las bendiciones del más allá. El zuhd y el fakr (fakr, la pobreza espiritual), que se cuentan entre los "münciyât" (salvadores), no significan que la persona no posea bienes materiales, sino que esos bienes no ocupen un lugar en su qalb. Según la expresión de un ʿārif (conocedor espiritual), "El zuhd es apartarse del mundo y no preocuparse por quién lo posea". El verdadero zahid (asceta) es aquel para quien el mundo se ha empequeñecido a sus ojos y cuyo corazón puede abandonarlo fácilmente. El zahid que encuentra sosiego al desprenderse de los bienes, no se alegra en exceso por lo que obtiene ni se entristece por lo que pierde; su único objetivo es alcanzar el riḍā (la complacencia con el decreto divino) de Allah (Dios).
La grandeza de la estación de fakr
En el sufismo (taṣawwuf), el "fakr" (fakr, la pobreza espiritual) no se refiere tanto a la carencia material, sino a que el siervo sienta su absoluta impotencia ante Allah (Dios) y comprenda que no necesita de nada ni de nadie excepto de Él. "El fakr es que seas independiente de todo el universo junto a tu Señor". Los derviches perfectos (kāmil) se despojan de los deseos del nafs (el ego / alma inferior) y de las causas, refugiándose en Allah, el Altísimo. Ninguna pobreza que no se base en la necesidad genuina es una virtud; la verdadera virtud consiste en cortar el interés tanto del mundo como del más allá y aferrarse completamente a Allah. En la otra vida, no se preguntará a las personas por su pobreza o riqueza, sino por la "sabr (la paciencia) y shukr (la gratitud)" que hayan mostrado ante ellas.
Riqueza del corazón y tawakkul
Un creyente que alcanza la estación de zuhd y fakr es el ser humano más rico y libre de la tierra. Pues no lleva en su cuello el yugo de la codicia por la materia o el estatus. Ibn Atāʾillah al-Iskandarī expresa: "¿Cómo no voy a ser pobre en mi pobreza?", indicando que la absoluta necesidad de Allah es en realidad el mayor tesoro. El siervo que abandona los deseos efímeros del mundo, se conforma con el sustento lícito y consagra su qalb a Allah, da un paso hacia la verdadera muruwwa (nobleza) y valentía. El zahid no es quien se aísla de su entorno, sino, al contrario, quien se llena de amor divino y se libera de la esclavitud de las cosas pasajeras.

