La Fuente del Don del Paraíso
Las enseñanzas de Abdulqadir Geylânî (que Allah esté complacido con él) señalan la fuente de la verdadera felicidad, más allá de los placeres mundanos. La paz y la dicha que alcanzan los santos cuando pasan a la otra vida es un reflejo de su devoción a Alá, no de sus dones. Esta comprensión nos recuerda que la vida terrenal es un campo de pruebas; pues el verdadero paraíso es una recompensa por orientarse hacia Dios y obtener Su complacencia. Para alcanzar la verdadera felicidad, es necesario adoptar virtudes como la paciencia, la gratitud y la sumisión a Alá. La misericordia de Alá es ilimitada; pero ser digno de esta misericordia solo es posible con el esfuerzo del siervo.
La Importancia del Esfuerzo y el Amor por la Humanidad
Los consejos de Geylânî enfatizan la importancia de que el ser humano se esfuerce y trabaje. El honor y el éxito no se obtienen refugiándose en vanos sueños, sino con esfuerzo y sudor. Sin embargo, este esfuerzo debe ser sincero y la intención pura. Un corazón lleno de amor por la humanidad acerca al hombre a Alá; pero este amor tiene sus límites. El hombre debe dedicarse a Dios, enfocándose en Su complacencia. Liberarse de los deseos e impulsos del ego, ser justo y honesto en las relaciones con la gente, son piedras angulares del crecimiento espiritual. Evitar la vanidad y poseer humildad es una señal de ser digno de la gracia de Alá.
El Secreto de la Muerte y la Cercanía a Dios
Geylânî interpreta el concepto de “muerte” como abandonar los deseos y pasiones mundanas, matar al ego. En este sentido, la muerte es una transformación; es liberarse del yo para acercarse a Alá. Escuchar los mandatos de Alá, renunciar a las causas y poner Su complacencia por encima de todo son señales de estar “muerto”. La verdadera resurrección nace de esta muerte espiritual; porque el hombre encuentra la vida real orientándose hacia Dios. Despojarse de la existencia con el testimonio de la unidad (la shahada) y revestirse de la esencia de Dios es la llave del paraíso. Tener fe e sinceridad es la forma más eficaz de protegerse del fuego del infierno; pues la fe aleja al hombre del mal y lo ilumina con luz divina.

