Iḥyāʾ ʿUlūm ad-Dīn
Ibn Mubārak, quien se encontraba en una batalla junto a sus compañeros, dijo:
– ¿Conocéis una lucha más excelsa que la que estamos realizando ahora?
– Entonces dinos, ¿cuál es?
– Un hombre casto y padre de familia que, al levantarse por la noche, cuida de sus hijos, ve que alguno de ellos se ha destapado mientras duerme y lo cubre con su manto. La acción de esta persona es mejor y más hermosa que la obra en la que ahora nos hallamos.
El Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:
Kimin namazı güzel, çocukları çok, malı az olursa ve müslümanların gıybetini yapmazsa o, benimle cennette bunların ikisi gibidir. (Parmaklarının ikisini yanyana getirerek işaret etti).41
Quien reza bien, tiene muchos hijos, posee pocos bienes y no habla mal de los musulmanes, estará conmigo en el Paraíso así (y juntó dos de sus dedos para señalarlo).41
Çoluk çocuk sahibi bulunan ârif bir fakiri, Allah Teâlâ muhakkak sever.42
Allah, en verdad, ama a un pobre gnóstico (ʿārif) que tiene familia.42
Kulun günâhları çoğaldığı zaman, Allah Teâlâ onun günahlarını affetmek için onu ailesinin sıkıntılarına müptela kılar. Onu günahlarına kefaret yapar.43
Cuando los pecados de un siervo aumentan, Allah lo somete a las dificultades de su familia para perdonarle sus faltas y hacer de ello expiación.43
Uno de los predecesores dijo: “Hay algunos pecados que sólo pueden ser expiados por la aflicción causada por la familia e hijos”. Sobre esto, hay una palabra del Mensajero de Dios:
41) Abū Yaʿlā
42) Ibn Mājah
43) Aḥmad
Kitāb Ādāb an-Nikāḥ / Capítulo I
Hay algunos pecados que sólo pueden ser expiados por las dificultades sufridas para el sustento. Quien tiene tres hijas y las cuida, proveyéndoles hasta que Allah las haga independientes de él, Allah le perdonará, salvo un pecado imperdonable. Cuando Ibn ʿAbbās mencionó este hadiz, dijo: “Juro por Allah que este hadiz es de los más extraños y sublimes”. Se narra que un devoto cuidó bien de su esposa hasta que ella falleció.
Tras la muerte de su esposa, le propusieron casarse de nuevo, pero él lo rehusó diciendo: “La soledad es mejor para el descanso de mi qalb (el corazón) y para reunir mis preocupaciones dispersas”. Continuó: “Una semana después de la muerte de mi esposa, la vi en sueños. Parecía que se abrían las puertas de los cielos y algunas personas descendían de ellas, caminando en el aire unos tras otros. Cada uno, al bajar, me miraba y decía al que le seguía: ‘¡Éste es el hombre desafortunado!’, y el siguiente lo confirmaba. Así lo hicieron el tercero y el cuarto. Me asusté y temí preguntar. Esperé hasta que el último pasó junto a mí. Era un joven.
Le pregunté: – ¿Quién es ese desafortunado al que señaláis? – Eres tú. – ¿Por qué soy desafortunado? (Tabarānī 45) Ḥarāʾitī
Iḥyāʾ ʿUlūm ad-Dīn – Antes, presentábamos tus obras ante Allah junto a las de quienes luchan en Su camino. Pero desde hace una semana, se nos ha ordenado presentarlas junto a las de quienes han abandonado la lucha. No sabemos lo que has hecho. Tras relatar este sueño a su amigo, añadió: “¡Casadme, casadme!”. Después de este suceso, nunca tuvo menos de dos o tres esposas a su lado. En las historias de los profetas se narra: Un pueblo visitó como huéspedes a Yunus (la paz sea con él). Mientras iba y venía para servir a sus invitados, su esposa le molestaba y le hería con sus palabras. Él prefería guardar silencio. Sus huéspedes se sorprendieron ante esta situación.
Yunus (la paz sea con él) dijo: “¡Oh huéspedes! No os sorprendáis de esto. Yo supliqué a Allah: ‘¡Señor! Dame en este mundo el castigo que me corresponde en la otra vida’. Entonces Allah me dijo: ‘La hija de Fulano es tu castigo en este mundo. Ve y cásate con ella’. Así lo hice y ahora soporto con paciencia las molestias que veis”. Soportar tales molestias sirve para educar el nafs (el ego / alma inferior), refrenar la ira y embellecer el carácter. Porque quien está solo o convive con alguien de buen carácter, no ve revelados los defectos ocultos de su nafs. Por ello, el viajero hacia la otra vida debe probarse con tales desafíos y aprender a ser paciente, para así adquirir un carácter equilibrado y educar su nafs.
Que su mundo interior se purifique de los malos caracteres. Soportar las dificultades de la familia es tanto una educación del nafs como un yihad, y el esfuerzo por ellos es en sí mismo un acto de ʿibāda (adoración). Esta es una de las ventajas del matrimonio. Sin embargo, sólo dos tipos de personas se benefician de esto: a) Quien está al inicio del camino hacia la otra vida y desea luchar contra los aspectos negativos de su nafs y purificar sus malas cualidades; para él, actuar así es un camino de salvación y educar su nafs de este modo es adecuado. b) Quien es devoto, no realiza actos vanos ni tiene pensamientos o qalb (el corazón) corrompidos, y actúa mediante la oración, la peregrinación y otras ʿibādāt (actos de adoración).
Kitāb Ādāb an-Nikāḥ / Capítulo I
Para una persona así, trabajar lícitamente para el sustento de sus hijos y ocuparse de su educación es superior a los actos de adoración que sólo le benefician a él y no a otros. En cuanto a quien, por su naturaleza y estado anterior, posee suficiente capacidad y es moralmente puro, si tiene una labor interior y una actividad intelectual en las ciencias y la contemplación, no es recomendable que se case con el fin mencionado antes, pues la disciplina del nafs que obtendría por el matrimonio ya la posee. En cuanto al trabajo lícito para el sustento de los hijos, el estudio del conocimiento es aún más excelente, pues el conocimiento es causa de acción y más beneficioso.
El esfuerzo por el sustento de los hijos es superado por el conocimiento, ya que éste beneficia a todos, es decir, su beneficio es general. Estas son las ventajas del matrimonio en la religión. Por estas razones se considera virtuoso casarse. Las Desventajas del Matrimonio Las desventajas del matrimonio son tres: I. Desventaja: Ser incapaz de obtener un sustento lícito, que es la mayor de las desventajas. No es fácil para todos obtener un sustento lícito, especialmente en tiempos en que ganarlo es difícil. Así, el matrimonio obliga a esforzarse aún más por el sustento y puede incluso llevar a consumir lo ilícito. Alimentar con lo ilícito conduce a la perdición tanto de quien lo da como de quien lo recibe.
Quien no está casado está lejos de tal peligro. En cambio, el casado a menudo se ve obligado a frecuentar lugares indebidos y así sigue los deseos de su esposa, sacrificando su otra vida por este mundo. Iḥyāʾ ʿUlūm ad-Dīn El siervo es detenido junto a la balanza (mīzān, la balanza que pesa las obras). Aunque tenga montañas de buenas acciones, se le pregunta cómo cuidó de su familia, cómo cumplió sus derechos y deberes, de dónde obtuvo y en qué gastó su riqueza. Se le pregunta tanto que todas sus buenas obras le son retiradas en compensación y no le queda ni una sola. Entonces los ángeles proclaman: “Éste es aquel cuya familia consumió sus buenas acciones en el mundo. Hoy, sus obras y bondades se han perdido como resultado de sus faltas”. Se dice que en el Día del Juicio, los primeros en reclamar a una persona serán su familia e hijos.
Ellos lo detendrán ante el tribunal supremo de Allah y dirán: “¡Oh Señor nuestro! Haz que este hombre nos pague lo que nos debe. No nos enseñó lo que ignorábamos y nos hizo comer lo ilícito sin saberlo”. Entonces se les hará justicia. Uno de los predecesores dijo: “Cuando Allah quiere el mal para un siervo, le da como azote a su familia e hijos en este mundo”. El Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él) dijo: “Ninguna persona comparecerá ante Allah con un pecado mayor que la ignorancia de su familia e hijos por negligencia en este mundo”. Hasta aquí, las desventajas mencionadas son generales del matrimonio. Son pocos los que se salvan de ellas.
Sin embargo, si alguien hereda una fortuna de su padre o gana lo suficiente lícitamente para sí y su familia, es distinto… Si además es una persona satisfecha, puede librarse de las desventajas mencionadas. Si puede ganarse la vida de manera lícita, como leñador o cazador, o es artesano y trabaja en un oficio sin relación con los gobernantes, y trata con personas honestas y cuya riqueza es mayormente lícita, puede protegerse de los peligros antes mencionados del matrimonio. Cuando preguntaron a Ibn Sālim sobre el matrimonio, dijo: “En estos tiempos, para quien no puede dominar su nafs y es esclavo de su deseo, casarse es mejor que no casarse, como el asno macho que se calma sólo acercándose a la hembra. Pero para quien domina su nafs, es preferible no casarse”. II. Desventaja: No cumplir plenamente los derechos de la esposa (y los hijos) y no soportar con paciencia sus quejas y reproches.
Esta calamidad es generalmente más leve que la primera, pues soportarla es más fácil. Corregir el carácter hacia las mujeres y satisfacer sus deseos es más sencillo que ganar lícitamente. Sin embargo, también aquí hay peligro, pues la persona es pastor y responsable de su rebaño. Como dijo el Mensajero de Dios (la paz y las bendiciones sean con él): “Basta como pecado para una persona descuidar a quienes tiene a su cargo”. Se narra que quien huye de su familia (y de su sustento) es como un esclavo que huye de su amo. Hasta que no regrese a su deber, ni su oración ni su ayuno serán aceptados.
Quien, pudiendo, no cuida de los derechos de su familia es como quien huye de sus deberes. Porque Allah dice: “¡Oh los que creéis! Protegedos a vosotros mismos y a vuestras familias de un fuego cuyo combustible son los hombres y las piedras” (sura at-Taḥrīm, aleya 6). En este versículo, Allah ordena proteger a la familia del fuego igual que uno se protege a sí mismo. Sin embargo, a veces la persona es incapaz de cumplir incluso con sus propios derechos. Al casarse, sus obligaciones se multiplican. A su propio nafs se suma otro nafs, y el nafs siempre ordena el mal. Cuantos más hay, más se incrementa la inclinación al mal. Por este secreto, uno de los sabios se excusó de no casarse diciendo: “No puedo con la carga de mi propio nafs, ¿cómo podría con otro más?”.
Como se ha dicho: “El ratón no cabía en su agujero, y aun así ató una escoba a su cola”. Ibrāhīm b. Adham también se excusó de no casarse diciendo: “No quiero engañar a ninguna mujer con mi nafs y no tengo necesidad de mujeres”. Es decir, Ibrāhīm (que Allah tenga misericordia de él) quiso decir: “Soy incapaz de cumplir sus derechos, de hacerlas castas y de satisfacer sus deseos legítimos”. Bishr al-Ḥāfī también se excusó diciendo: “El versículo ‘Así como hay derechos que recaen sobre las mujeres, también hay derechos que deben recibir’ me impide casarme”. También dijo: “Si tuviera que cuidar de una gallina, temería ser verdugo en un puente”.
Sufyān b. ʿUyayna fue visto en la puerta del sultán. Cuando le dijeron: “Este no es lugar para ti”, respondió: “¿Has visto alguna vez a un padre de familia que haya alcanzado el éxito?”. Sufyān solía decir: “¡Qué bello es vivir solo, como una casa con llaves y agujeros por donde sopla el viento!”.
Kitāb Ādāb an-Nikāḥ / Capítulo I
Allí no hay gritos ni alborotos… Esta segunda desventaja del matrimonio, como la primera, es general. Sólo puede librarse de ella quien es inteligente, sabio, de buen carácter, conoce las costumbres femeninas, es paciente ante sus habladurías, sabe dónde detenerse ante sus deseos, es meticuloso en cumplir sus derechos, tolera sus defectos y las dirige con inteligencia. La mayoría de las personas, sin embargo, son esclavas de la frivolidad, la dureza, la ira, la necedad, el mal carácter y la falta de compasión. Al casarse, tales personas empeoran. Por ello, para alguien así, vivir solo es el camino más seguro.
III. Desventaja: Esta desventaja es más fácil de superar que las dos anteriores. Consiste en que la familia distraiga a la persona de Allah, orientándola hacia el mundo, esforzándose por acumular riqueza para asegurar el bienestar de los hijos y enorgulleciéndose de ellos. Todo aquello que aleja al ser humano de Allah, sea esposa, riqueza o hijos, es perjudicial. No me refiero aquí a la familia y bienes que llevan a lo ilícito, pues eso ya está incluido en las dos primeras desventajas. Mi intención es señalar que incluso la familia y los bienes lícitos, si sumergen excesivamente en el mundo, son perjudiciales.
Excederse en el juego y disfrute lícito con la esposa también entra en este juicio. El matrimonio genera muchas ocupaciones de este tipo y llena el qalb (el corazón). Así, los días y noches pasan en el juego y la persona no encuentra tiempo para pensar en la otra vida ni prepararse para ella. Por este secreto, Ibrāhīm b. Adham dijo: “Nada se puede esperar de quien se aferra a las piernas de las mujeres”. Abū Sulaymān dijo: “Quien se casa, ciertamente se ha sumergido en el mundo”. Hasta aquí hemos enumerado las desventajas y ventajas del matrimonio. Por tanto, emitir un juicio absoluto sobre si es mejor casarse o permanecer soltero, sin conocer todo esto, sería un juicio defectuoso. Más bien, estas ventajas y desventajas deben servir de criterio para juzgar cada caso particular. Quien desee casarse debe examinar su nafs a la luz de este criterio. Si no se aplican a él las desventajas mencionadas, y además posee riqueza lícita, buen carácter, seriedad en la religión y el matrimonio no lo alejará de Allah, y además es un joven que necesita calmar su deseo y requiere ayuda en las tareas del hogar, o necesita el apoyo de los parientes de la esposa, en resumen, si posee todas estas cualidades, no cabe duda de que el matrimonio es mejor para él.
Además, si su intención al casarse es tener hijos, esto es una virtud añadida. Si no posee las cualidades mencionadas y, por el contrario, están presentes todas las desventajas, entonces es mejor que no se case. Si ambas situaciones opuestas se dan plenamente —y en nuestro tiempo esto es común—, entonces debe sopesar cuidadosamente el beneficio que el matrimonio aportará a su religión frente al daño que puedan causar las desventajas, y decidir en consecuencia. La ventaja más evidente del matrimonio es tener hijos y calmar el deseo; la desventaja más clara es verse obligado a lo ilícito y el riesgo de alejarse de Allah.
Por ello, si alguien no sufre por el deseo, sólo busca hijos al casarse, y el matrimonio puede llevarlo a lo ilícito o alejarlo de Allah, es mejor que no se case. Pues no hay bien en aquello que aleja del Señor o lleva a lo ilícito. El daño de estas dos calamidades no puede ser compensado por el beneficio de tener hijos. Casarse sólo para tener hijos es buscar la vida de un hijo imaginario, lo cual es una deficiencia en la religión. Por tanto, proteger la propia vida y alejarla de la calamidad es más importante que esforzarse por tener un hijo.
Este proceder es, pues, provechoso para él. La religión es el capital del ser humano. Si la religión se corrompe, se corrompe la vida del más allá. Y puede perderse todo el capital. El beneficio esperado del matrimonio, de nuevo, es…

