
Hadiz
Abū Muḥammad ʿAbd Allāh ibn ʿAmr ibn al-ʿĀṣ (raḍiya Allāhu ʿanhumā, que Allah esté complacido con ambos) relató:
Se informó al Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) que yo había dicho:
“¡Por Allah! Mientras viva, ciertamente ayunaré durante los días y pasaré las noches en adoración y obediencia.”
Ante esto, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) me preguntó:
— “¿Eres tú quien ha dicho esto?” Yo le respondí:
— ¡Que mis padres sean sacrificados por ti, oh Mensajero de Allah! Sí, yo lo dije.
Él dijo:
— “No podrás soportarlo. Ayuna y rompe el ayuno; duerme y realiza actos de adoración; ayuna tres días de cada mes, pues por cada buena acción hay una recompensa multiplicada por diez. Esto es como si ayunaras todo el tiempo.” Entonces yo dije:
— Puedo hacer más que eso. El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:
— “Entonces ayuna un día y no ayunes dos.” Yo dije:
— Pero puedo hacer más que eso. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:
— “Entonces ayuna un día y no ayunes el siguiente; este es el ayuno de Dāwūd (Dāwūd, la paz sea con él) y es el más equilibrado de los ayunos.”
En otra transmisión: “Este es el ayuno más virtuoso.”
Yo dije:
— Puedo hacer algo aún más virtuoso.
El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:
— “No hay nada más virtuoso que esto.”
Aceptar el ayuno de tres días al mes, como recomendó el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él), me habría sido más querido que mi familia y mis bienes.
Según otra transmisión:
“¿Acaso no se me ha informado que pasas los días ayunando y las noches en vela?” Yo respondí:
— Por supuesto que se te ha informado, oh Mensajero de Allah. Entonces él dijo:
— “No lo hagas así; ayuna a veces y a veces no; duerme durante la noche y levántate para la oración nocturna (tahajjud). Ciertamente, tu cuerpo tiene derecho sobre ti, tus dos ojos tienen derecho sobre ti, tu esposa tiene derecho sobre ti, y tus visitantes tienen derecho sobre ti. Te basta con ayunar tres días de cada mes, pues por cada buena acción hay una recompensa multiplicada por diez; esto equivale a ayunar todo el tiempo.” ʿAbd Allāh dice:
Cuanto más insistía, más difícil se volvía para mí. Luego dije:
— ¡Oh Mensajero de Allah! Siento que tengo fuerza y capacidad. Él dijo:
— “Entonces ayuna el ayuno del Profeta de Allah Dāwūd, y no hagas más que eso.”
— ¿Cuál es el ayuno de Dāwūd? pregunté.
— “Ayunar la mitad del año.”
Cuando ʿAbd Allāh envejeció, solía decir:
— Ojalá hubiera aceptado la facilidad que me mostró el Mensajero de Allah.
En otra transmisión se relata:
— “¿Acaso crees que no sé que ayunas todos los días y recitas el Corán entero cada noche?” Entonces dije:
— Por supuesto que lo sabes, oh Mensajero de Allah. Pero sólo busco el bien con ello. El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:
— “Ayuna el ayuno del Profeta de Allah Dāwūd, pues él era el más devoto de los siervos. Y recita el Corán una vez al mes.” Yo dije:
— ¡Oh Mensajero de Allah! Puedo hacer más que eso. Él dijo:
— “Entonces recítalo una vez cada veinte días.” Yo insistí:
— ¡Oh Mensajero de Allah! Puedo hacer más que eso. Él dijo:
— “Entonces recítalo una vez cada diez días.” Yo insistí nuevamente:
— ¡Oh Profeta de Allah! Puedo hacer más que eso. Entonces dijo:
— “En ese caso, recítalo una vez cada siete días, pero no aumentes más.” Cuanto más insistía, más se me restringía. El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) me dijo:
— “Ciertamente, no sabes si tu vida será larga.”
ʿAbd Allāh ibn ʿAmr dice:
— Alcancé la edad que el Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) me mencionó y desee mucho haber aceptado la facilidad que él me ofreció.
En otra transmisión se dice:
“Tus hijos también tienen derechos sobre ti.”
En otra transmisión:
“El que ayuna todo el tiempo, en realidad no ayuna.” Repitió esto tres veces.
En otra transmisión:
“El ayuno más amado por Allah es el de Dāwūd (la paz sea con él). La oración más amada por Allah es la de Dāwūd (la paz sea con él). Dāwūd (la paz sea con él) dormía la mitad de la noche, se levantaba para rezar durante un tercio y dormía un sexto. Ayunaba un día y no ayunaba el siguiente. Y cuando se enfrentaba al enemigo, no huía.”
En otra transmisión se relata lo siguiente:
ʿAbd Allāh dijo:
Mi padre me casó con una mujer de noble linaje. De vez en cuando iba a ver a su nuera y le preguntaba por mí. Ella decía:
— Es un buen hombre; desde que vine a su casa, no ha puesto los pies en mi cama ni se ha interesado por mí.
Al continuar así la situación, mi padre informó al Profeta (la paz y las bendiciones sean con él), quien dijo:
— “Haz que venga a verme.” Después me encontré con el Mensajero de Allah. Me preguntó:
— “¿Cómo ayunas?” Yo respondí:
— Todos los días. Luego preguntó:
— “¿Cómo recitas el Corán?” Respondí:
— Cada noche.
ʿAbd Allāh ibn ʿAmr relató conversaciones similares a las anteriores. Para descansar por la noche, recitaba una séptima parte del Corán durante el día a un miembro de su familia y le hacía escuchar. Cuando quería estar fuerte y vigoroso, dejaba de ayunar algunos días. Luego contaba los días que no había ayunado y los recuperaba para no faltar a la promesa que había hecho al Profeta (la paz y las bendiciones sean con él).
Se informó al Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) que yo había dicho:
“¡Por Allah! Mientras viva, ciertamente ayunaré durante los días y pasaré las noches en adoración y obediencia.”
Ante esto, el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) me preguntó:
— “¿Eres tú quien ha dicho esto?” Yo le respondí:
— ¡Que mis padres sean sacrificados por ti, oh Mensajero de Allah! Sí, yo lo dije.
Él dijo:
— “No podrás soportarlo. Ayuna y rompe el ayuno; duerme y realiza actos de adoración; ayuna tres días de cada mes, pues por cada buena acción hay una recompensa multiplicada por diez. Esto es como si ayunaras todo el tiempo.” Entonces yo dije:
— Puedo hacer más que eso. El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:
— “Entonces ayuna un día y no ayunes dos.” Yo dije:
— Pero puedo hacer más que eso. El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:
— “Entonces ayuna un día y no ayunes el siguiente; este es el ayuno de Dāwūd (Dāwūd, la paz sea con él) y es el más equilibrado de los ayunos.”
En otra transmisión: “Este es el ayuno más virtuoso.”
Yo dije:
— Puedo hacer algo aún más virtuoso.
El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:
— “No hay nada más virtuoso que esto.”
Aceptar el ayuno de tres días al mes, como recomendó el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él), me habría sido más querido que mi familia y mis bienes.
Según otra transmisión:
“¿Acaso no se me ha informado que pasas los días ayunando y las noches en vela?” Yo respondí:
— Por supuesto que se te ha informado, oh Mensajero de Allah. Entonces él dijo:
— “No lo hagas así; ayuna a veces y a veces no; duerme durante la noche y levántate para la oración nocturna (tahajjud). Ciertamente, tu cuerpo tiene derecho sobre ti, tus dos ojos tienen derecho sobre ti, tu esposa tiene derecho sobre ti, y tus visitantes tienen derecho sobre ti. Te basta con ayunar tres días de cada mes, pues por cada buena acción hay una recompensa multiplicada por diez; esto equivale a ayunar todo el tiempo.” ʿAbd Allāh dice:
Cuanto más insistía, más difícil se volvía para mí. Luego dije:
— ¡Oh Mensajero de Allah! Siento que tengo fuerza y capacidad. Él dijo:
— “Entonces ayuna el ayuno del Profeta de Allah Dāwūd, y no hagas más que eso.”
— ¿Cuál es el ayuno de Dāwūd? pregunté.
— “Ayunar la mitad del año.”
Cuando ʿAbd Allāh envejeció, solía decir:
— Ojalá hubiera aceptado la facilidad que me mostró el Mensajero de Allah.
En otra transmisión se relata:
— “¿Acaso crees que no sé que ayunas todos los días y recitas el Corán entero cada noche?” Entonces dije:
— Por supuesto que lo sabes, oh Mensajero de Allah. Pero sólo busco el bien con ello. El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) dijo:
— “Ayuna el ayuno del Profeta de Allah Dāwūd, pues él era el más devoto de los siervos. Y recita el Corán una vez al mes.” Yo dije:
— ¡Oh Mensajero de Allah! Puedo hacer más que eso. Él dijo:
— “Entonces recítalo una vez cada veinte días.” Yo insistí:
— ¡Oh Mensajero de Allah! Puedo hacer más que eso. Él dijo:
— “Entonces recítalo una vez cada diez días.” Yo insistí nuevamente:
— ¡Oh Profeta de Allah! Puedo hacer más que eso. Entonces dijo:
— “En ese caso, recítalo una vez cada siete días, pero no aumentes más.” Cuanto más insistía, más se me restringía. El Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) me dijo:
— “Ciertamente, no sabes si tu vida será larga.”
ʿAbd Allāh ibn ʿAmr dice:
— Alcancé la edad que el Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) me mencionó y desee mucho haber aceptado la facilidad que él me ofreció.
En otra transmisión se dice:
“Tus hijos también tienen derechos sobre ti.”
En otra transmisión:
“El que ayuna todo el tiempo, en realidad no ayuna.” Repitió esto tres veces.
En otra transmisión:
“El ayuno más amado por Allah es el de Dāwūd (la paz sea con él). La oración más amada por Allah es la de Dāwūd (la paz sea con él). Dāwūd (la paz sea con él) dormía la mitad de la noche, se levantaba para rezar durante un tercio y dormía un sexto. Ayunaba un día y no ayunaba el siguiente. Y cuando se enfrentaba al enemigo, no huía.”
En otra transmisión se relata lo siguiente:
ʿAbd Allāh dijo:
Mi padre me casó con una mujer de noble linaje. De vez en cuando iba a ver a su nuera y le preguntaba por mí. Ella decía:
— Es un buen hombre; desde que vine a su casa, no ha puesto los pies en mi cama ni se ha interesado por mí.
Al continuar así la situación, mi padre informó al Profeta (la paz y las bendiciones sean con él), quien dijo:
— “Haz que venga a verme.” Después me encontré con el Mensajero de Allah. Me preguntó:
— “¿Cómo ayunas?” Yo respondí:
— Todos los días. Luego preguntó:
— “¿Cómo recitas el Corán?” Respondí:
— Cada noche.
ʿAbd Allāh ibn ʿAmr relató conversaciones similares a las anteriores. Para descansar por la noche, recitaba una séptima parte del Corán durante el día a un miembro de su familia y le hacía escuchar. Cuando quería estar fuerte y vigoroso, dejaba de ayunar algunos días. Luego contaba los días que no había ayunado y los recuperaba para no faltar a la promesa que había hecho al Profeta (la paz y las bendiciones sean con él).
Bujārī, Ṣawm 55, 56, 57, Tahajjud 7, Anbiyāʾ 37, Nikāḥ 89; Muslim,
Narrador
Ṣiyām 181-193
Explicación
El Imām Nawawī, al reunir en este hadiz las diferentes transmisiones que aparecen en los libros de Bujārī y Muslim, ha buscado presentar una visión integral. Al mismo tiempo, ha mostrado su meticulosidad al no descuidar ni el más mínimo detalle y al mantener la coherencia entre las transmisiones.
En estas transmisiones se muestra la historia de un compañero (ṣaḥābī) que, con intención sincera, se dirige a la adoración y obediencia para convertirse en un siervo amado por Allah. Al mismo tiempo, somos testigos de uno de los bellos ejemplos de cómo el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) se ocupaba no sólo de las necesidades materiales de los individuos bajo su liderazgo, sino también de organizar su vida espiritual.
Si nuestro Profeta no hubiera considerado tan importante la formación y orientación del ser humano, y no se hubiera interesado tan de cerca por ellos, quizás no habría surgido una sociedad tan equilibrada y moderada como la de los nobles Compañeros (ṣaḥāba). Que ellos hayan educado y formado a las generaciones posteriores, tanto enseñando como viviendo la religión, ha permitido que nuestra religión haya llegado hasta hoy de la manera más correcta, libre de toda desviación y bidʿa.
Aquí, la mayor virtud, recompensa y mérito pertenece a la generación de los Compañeros. Los grandes esfuerzos y ejemplos de los sabios piadosos de las generaciones posteriores y de la comunidad son el mayor favor de Allah para los musulmanes. Es natural que ellos también obtengan innumerables recompensas y méritos en este sentido.
ʿAbd Allāh ibn ʿAmr, con el deseo de obtener más recompensa y ser un mejor siervo, casi parece negociar con el Profeta (la paz y las bendiciones sean con él). El Mensajero de Allah, sin embargo, demuestra aquí también ser el ejemplo más perfecto; lo convence con gran paciencia y explicando sus razones. Presenta como ejemplo al Profeta de Allah Dāwūd (la paz sea con él) como una personalidad ejemplar. Recuerda que él era el siervo que más adoraba. Enseña que no es posible ir más allá de él. Informa que por cada acto de obediencia, adoración y buenas obras, se recibirá una recompensa multiplicada por diez. Así, después de explicar el aspecto relacionado con Allah, también le recuerda los derechos mundanos. Le explica de manera clara y bella que la persona tiene derechos sobre su propio cuerpo, sus miembros, su esposa, sus hijos y sus huéspedes, y que debe dar a cada quien su derecho, pues esto también es un mandato de Allah.
Para poder cumplir con estos derechos y librarse de la responsabilidad, la persona debe comer y beber, dormir, trabajar y ganarse la vida. De lo contrario, perdería fuerzas y no podría cumplir ni siquiera con las obligaciones que debe a Allah. Allah tampoco se complace con tal comportamiento. Sin embargo, el Islam considera cada momento de la vida, vivido de acuerdo con la complacencia de Allah (riḍā), como adoración. El individuo y la sociedad sanos son uno de los objetivos más importantes que nuestra religión busca alcanzar.
De lo contrario, surgiría una sociedad que no puede desarrollarse ni progresar, que no produce y que, por ello, siempre depende de otros. Este es precisamente el estilo de vida que nuestra religión no desea y que, de hecho, prohíbe a los musulmanes. El musulmán es alguien que nunca cae en la humillación y siempre es digno. El camino para lograr todo esto es no abandonar la moderación y ser equilibrado. Esta es la medida que el Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) pretendía inculcar en el individuo y la sociedad.
El sentimiento de arrepentimiento que sintió ʿAbd Allāh ibn ʿAmr al final de su vida por estas conductas es ejemplar para los demás. Porque él sabía muy bien que debía continuar hasta el final de su vida con las adoraciones que prometió al Profeta (la paz y las bendiciones sean con él). Sin embargo, cuando ya no pudo soportarlo, lamentaba no haber aceptado las facilidades que le ofreció el Profeta. Todo esto muestra que la persona debe conformarse con lo que pueda soportar en las adoraciones voluntarias (nāfila) y que es correcto preferir las adoraciones constantes, aunque sean pocas.
En estas transmisiones se muestra la historia de un compañero (ṣaḥābī) que, con intención sincera, se dirige a la adoración y obediencia para convertirse en un siervo amado por Allah. Al mismo tiempo, somos testigos de uno de los bellos ejemplos de cómo el Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) se ocupaba no sólo de las necesidades materiales de los individuos bajo su liderazgo, sino también de organizar su vida espiritual.
Si nuestro Profeta no hubiera considerado tan importante la formación y orientación del ser humano, y no se hubiera interesado tan de cerca por ellos, quizás no habría surgido una sociedad tan equilibrada y moderada como la de los nobles Compañeros (ṣaḥāba). Que ellos hayan educado y formado a las generaciones posteriores, tanto enseñando como viviendo la religión, ha permitido que nuestra religión haya llegado hasta hoy de la manera más correcta, libre de toda desviación y bidʿa.
Aquí, la mayor virtud, recompensa y mérito pertenece a la generación de los Compañeros. Los grandes esfuerzos y ejemplos de los sabios piadosos de las generaciones posteriores y de la comunidad son el mayor favor de Allah para los musulmanes. Es natural que ellos también obtengan innumerables recompensas y méritos en este sentido.
ʿAbd Allāh ibn ʿAmr, con el deseo de obtener más recompensa y ser un mejor siervo, casi parece negociar con el Profeta (la paz y las bendiciones sean con él). El Mensajero de Allah, sin embargo, demuestra aquí también ser el ejemplo más perfecto; lo convence con gran paciencia y explicando sus razones. Presenta como ejemplo al Profeta de Allah Dāwūd (la paz sea con él) como una personalidad ejemplar. Recuerda que él era el siervo que más adoraba. Enseña que no es posible ir más allá de él. Informa que por cada acto de obediencia, adoración y buenas obras, se recibirá una recompensa multiplicada por diez. Así, después de explicar el aspecto relacionado con Allah, también le recuerda los derechos mundanos. Le explica de manera clara y bella que la persona tiene derechos sobre su propio cuerpo, sus miembros, su esposa, sus hijos y sus huéspedes, y que debe dar a cada quien su derecho, pues esto también es un mandato de Allah.
Para poder cumplir con estos derechos y librarse de la responsabilidad, la persona debe comer y beber, dormir, trabajar y ganarse la vida. De lo contrario, perdería fuerzas y no podría cumplir ni siquiera con las obligaciones que debe a Allah. Allah tampoco se complace con tal comportamiento. Sin embargo, el Islam considera cada momento de la vida, vivido de acuerdo con la complacencia de Allah (riḍā), como adoración. El individuo y la sociedad sanos son uno de los objetivos más importantes que nuestra religión busca alcanzar.
De lo contrario, surgiría una sociedad que no puede desarrollarse ni progresar, que no produce y que, por ello, siempre depende de otros. Este es precisamente el estilo de vida que nuestra religión no desea y que, de hecho, prohíbe a los musulmanes. El musulmán es alguien que nunca cae en la humillación y siempre es digno. El camino para lograr todo esto es no abandonar la moderación y ser equilibrado. Esta es la medida que el Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) pretendía inculcar en el individuo y la sociedad.
El sentimiento de arrepentimiento que sintió ʿAbd Allāh ibn ʿAmr al final de su vida por estas conductas es ejemplar para los demás. Porque él sabía muy bien que debía continuar hasta el final de su vida con las adoraciones que prometió al Profeta (la paz y las bendiciones sean con él). Sin embargo, cuando ya no pudo soportarlo, lamentaba no haber aceptado las facilidades que le ofreció el Profeta. Todo esto muestra que la persona debe conformarse con lo que pueda soportar en las adoraciones voluntarias (nāfila) y que es correcto preferir las adoraciones constantes, aunque sean pocas.
Lecciones que aprendemos del hadiz
- 1Seguir las recomendaciones de nuestro Profeta conduce a la felicidad en este mundo y en el más allá.
- 2En la adoración y la obediencia, se debe preferir el camino de la moderación y evitar los extremos.
- 3No se aprueba la adoración voluntaria (nāfila) que agote físicamente a la persona y termine causando hastío.
- 4No se recomienda pasar toda la noche durmiendo. Es virtuoso dedicar una parte a la adoración.
- 5En el Islam, no está permitido apartarse completamente del mundo.
- 6Las adoraciones no impiden al ser humano luchar por la causa de Allah (jihād) ni ganarse la vida por medios lícitos.
- 7El cuerpo de la persona tiene derechos sobre ella. Debe protegerlo de aquello que lo desgaste y debilite.
- 8Según el Islam, por cada buena acción se otorga una recompensa multiplicada por diez ante Allah.
- 9El Islam no sacrifica el mundo por el más allá ni el más allá por el mundo. Considera esencial mantener ambos en equilibrio.

