
Hadiz
Se ha transmitido que Ibn ‘Abbâs (que Allah esté complacido con ellos) decía: El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con él) solía decir: “¡Oh, Alá! Me he sometido a Ti, he creído en Ti, he confiado en Ti. He vuelto mi rostro y mi corazón hacia Ti, y con Tu ayuda lucho contra mis enemigos. Te juzgo por tu libro. Perdóname por lo que he hecho antes, por lo que haré después, por lo que he ocultado y por lo que he manifestado; Tú eres el que precede y el que sigue; no hay más adorador excepto Tú.”
Bujari, Teheccüd 1, Daavât 10, Tawhid 8, 24, 35. Muslim, Musafirîn
Narrador
199, 201, Zikir 67. También véase Abu Dawud, Salat 119; Tirmidhi, Daavât 29; Nasa’i, Qiyamü’l-leyl 9; Ibn Maja, Iqama 180. Algunos narradores han añadido la frase: “no hay poder ni fuerza excepto en Alá: La fuerza para evitar el pecado y la capacidad para adorar sólo se obtienen con la ayuda de Alá.” Bujari, Teheccüd 1; Nasa’i, Qiyamü’l-leyl 9.
Lo que aprendemos
- 1El Mensajero (la paz y las bendiciones sean con él) en esta oración enumera las debilidades y defectos más evidentes del hombre, expresa todos los aspectos del pecado y luego pide perdón por esos pecados.
- 2No debemos dejar de repetir esta oración que describe tan bien nuestra condición.

