Clásicos del Sufismo · junio 26, 2026

El Camino para Superar el Nafs: Profundas Sabidurías de ʿAbd al-Qādir al-Gīlānī

La Esencia del Destino y la Sumisión La profunda inspiración que emana de las obras de ʿAbd al-Qādir al-Gīlānī subraya la importancia de que el ser humano se enfrente a su destino (qadar) y se someta a la voluntad divina …

La Esencia del Destino y la Sumisión

La profunda inspiración que emana de las obras de ʿAbd al-Qādir al-Gīlānī subraya la importancia de que el ser humano se enfrente a su destino (qadar) y se someta a la voluntad divina contenida en ese destino. El origen de nuestros actos es el destino; por lo tanto, toda acción se realiza en el transcurso de un proceso. En este proceso, las situaciones que enfrenta el individuo representan la transición de su estado actual a otro diferente. Sin embargo, para que esta transición se produzca, es necesario eliminar toda objeción a realidades absolutas como el juicio, la orden y el conocimiento; pues la objeción impide la sumisión y empuja a la persona hacia el estado opuesto al anterior. El ser humano, en lugar de oponerse a su destino, debe tratar de comprenderlo y unirse a Él.

Tres Etapas: Estabilidad, Aceptación y la Unión del Ser

La enseñanza sufí (taṣawwuf) de al-Gīlānī expone tres etapas fundamentales de un viaje espiritual. El primer paso es que la persona alcance un estado estable y firme en el que encuentra la paz interior; esto significa sentar las bases de la espiritualidad. La segunda etapa consiste en aceptar cada situación que llega y estar en armonía con ella, es decir, permitir que la voluntad divina se manifieste en uno mismo. La última etapa es alcanzar el punto en el que el ser se disuelve y se une por completo, donde el yo desaparece. En esta etapa final, la persona se entrega totalmente al Haqq (la Verdad, uno de los nombres de Dios) y se une a Él; esto es una manifestación de alcanzar el maqām de fanāʾ (fanāʾ, la aniquilación en Dios) y de comprender la verdadera ḥaqīqa (ḥaqīqa, la realidad interior). El creyente, siguiendo este proceso, se protege de las dificultades mundanas, de transgredir los límites de la sharia (sharia, la ley sagrada) y de los males.

La Unidad Renovada del Ser: Unidad en el Amor

En la enseñanza de al-Gīlānī, el amor es el signo más importante de la unidad (wahda). El ser humano, en vez de sentir envidia por los logros ajenos, debe agradecer (shukr, la gratitud) sabiendo que todas las bendiciones provienen de Allah (Dios). La búsqueda de la unidad en el amor evita la división del qalb (qalb, el corazón) y la disminución del amor a Allah; pues Él ama la unicidad. La persona, en vez de compararse con otros, debe impregnarse del amor divino y dirigirse hacia su Señor. El hadiz del Profeta (la paz y las bendiciones sean con él): “Los corazones han sido creados para amar a quien les hace el bien” confirma esta verdad. Para no verse privado de la gracia de Allah, es necesario volverse hacia Él, unificarse con Él y amar únicamente a Él; así, la persona supera su nafs (nafs, el ego / alma inferior) y alcanza la verdad.