BİRİNCİ FEN · BİRİNCİ BÂB · BİRİNCİ FASIL · Birinci Madde
**Artículo Primero**
Se manifiesta el orden y la disposición en la aparición de las inteligencias, los egos (nafs) y los cielos (felek),
que emanan de los cuatro elementos esenciales y producen cuatro cualidades.
¡Oh, amado! Debe saberse que los filósofos han dicho: El Ser Sublime creó la inteligencia universal (kullî akl) antes de todas las cosas. A esta se le llama también la primera inteligencia o la primera sustancia primordial.
El Ser Sublime dotó a esta primera inteligencia de tres capacidades: conocer al Ser, reconocer el propio ego y comprender su necesidad. Esta última es la conciencia de la dependencia del individuo hacia su Señor. De cada una de estas tres capacidades de la inteligencia universal ha surgido un objeto distinto, porque todo procede de lo Uno.
Del conocimiento del Ser ha surgido una inteligencia a la que llaman la segunda inteligencia. Del reconocimiento del ego ha surgido un ego, al que se denomina el ego universal (kullî nefis). De la conciencia de la necesidad ha surgido un cuerpo, al que llaman el cielo más grande, el cielo zodiacal, el cielo de los cielos, limitador de las direcciones y el cuerpo universal. La inteligencia de este cielo mencionado es la segunda inteligencia; su ego es el ego universal.
De esta segunda inteligencia también han surgido estas tres capacidades: del conocimiento del Ser ha surgido una tercera inteligencia, del reconocimiento del ego ha surgido un segundo ego y, de la conciencia de la necesidad hacia el Señor, ha surgido un segundo cielo. A este último se le llama también el cielo de los signos zodiacales y de las estrellas fijas. La inteligencia de este cielo es la tercera inteligencia; su ego es el segundo ego. De la tercera inteligencia han surgido también las tres capacidades mencionadas anteriormente y, con la condición de mantener este orden, ha surgido otra inteligencia, otro ego y otro cuerpo. Así hasta llegar a nueve grados; de esta primera inteligencia han surgido nueve inteligencias, nueve egos y nueve cielos. Estas nueve inteligencias son las inteligencias de los cielos. Los nueve egos son los egos de los cielos.
Cada uno de estos nueve cielos tiene una inteligencia, un ego y un cuerpo propios. Pero el cielo más grande es un cuerpo simple que abarca a todos los demás cielos y es superior a ellos. En él se encuentra el cielo zodiacal con todas las estrellas fijas. Dentro de él está el cielo de Saturno (Zühal), en el cual no hay otra estrella que él. Dentro de él está el cielo de Júpiter (Müşteri), que es exclusivo para este planeta. Debajo de él está el cielo de Marte (Merih), y solo allí se encuentra Marte. Debajo del cielo solar, existe el único soberano. Bajo el Sol está el cielo de Venus (Zühre) y también es único en su esfera. Dentro de él está el cielo de Mercurio (Utarit), donde la única estrella es él mismo. Y dentro de este último está el cielo lunar, donde no hay nada más que la Luna. El cielo en el que se encuentra se llama la bóveda celeste terrestre. A la inteligencia de esta bóveda se le llaman la décima inteligencia, la inteligencia activa (fa‘‘al akıl) y la inteligencia efusiva (feyyaz akıl), y a su ego, forma-dadora y naturaleza absoluta. De la armonía entre estos surgen los cuatro elementos esenciales bajo el cielo lunar: fuego, aire, agua y tierra. Estos elementos se han formado en el orden aquí mencionado. De los cuatro elementos también han surgido cuatro cualidades (keyfiyet): calor, frío, humedad y sequedad.
De la armonía de los elementos han surgido tres compuestos: minerales, plantas y seres vivos. La especie de seres vivos más noble y perfecta es sin duda el ser humano. La creación del universo culmina con la creación del hombre; el círculo de la existencia se completa con él. Y como el hombre es la fruta más preciada del árbol de la existencia en el mundo, ha sido creado después de todas las demás criaturas. En resumen, la esencia del universo es el hombre.

